Gustavo Soppelsa
Poeta recién llegado
Si (como Busti diz cual refucilo)
el gen se altera por la celulosa
brotarán del ADN malas cosas
y mutantes de él todos al hilo.
Y, con vocales muy antiorientales,
se hará Demanda llena de estulticia,
cifra de Kirchner, que su pálida Insolencia
trueque en La Haya en párrafos triviales.
Artigas y Andresito lo supieron
en el Exodo. Las escamas del pescado
(diz el trasmallista) hanse esfumado
y las canoas a oscuras se extraviaron.
Las argucias y el lo atamo con alambre
no tienen fin. Sábese la algarabía
de Fray Bentos discutiendo progresías
en la tertulia de las papelerías.
No ocurre, amigos, al modo de otras sagas,
que se cuentan ahora mercenarias.
Es cierto: vese mutante y roja la achicoria,
debido a Judá Enseh, tornasolada.
Angurriento por asir cual Jehová ase,
Judá Enseh diose a volcar turbias pociones
con prospectos de raras confecciones.
Al final signó el Cheque que es la Llave,
la Concesión, los Eucaliptus y el Espacio,
a los jerarcas y a través de hábiles manos
deslumbró: ¡Les dejará todo el ceibal enano!
La Chimenea irritó con aspavientos
las córneas, olfatéaronse pérfidos olores
incomprensibles, ausentes de rubores
y estrenáronse con miedo las labores.
Poco a poco se la observó (como vosotros)
encadenada a tratativas incoloras
de Bielsa, Gargano, Batlle, Busti y su Sra.,
PJ, Frente Amplio, Vos y Tú, Cuises y Potros.
(El frenteamplista que esparció el cardumen
no habló, con mucha astucia, de ese bitumen;
estas anécdotas las refiere Menem
citando a Sócrates en sórdido volumen)
Judá Enseh mentaba lo diverso:
Esto es el dedo gordo; esto un yuyo; esto la boga
y consiguió tras semestres con su verso
un pez mutante adicto a las sus drogas.
Quizá hubo un error de Economía
o en la implementación. Que no se asombren;
malgrado iras con altanería,
nada explicó Jorge Busti ni sus hombres.
Los dioxinas, menos cuchillas que cerros,
y harto más formaciones montañosas
acopiaba Judá Enseh con sus cosas:
viose una oveja ladrando como un perro.
Algo anormal tenían planta y bitumen
pues el gato de Judá Enseh que era albino
fue naranja. (Ese gato no lo nombra Menem:
yo en la agenda suya lo adivino)
La chimenea a Finlandia dio filiales
lecciones y a Finlandia remedaba
o, arrogante y fría, se expandía
en prolíferas inversiones orientales.
Rabí Enseh observaba con premura
y con algún estupor. ¿Cómo (se dijo)
provoqué tanto lío así de fijo
y piquetes induje con soltura?
¿Por qué no leí la letra chiquitita,
del prospecto un rato más? ¿Por qué no sana
esa oveja azulada, informe cual banana
si hay dioxina así de poquitita?
La mente de K., que a veces vaga,
a Menem, bizca mirada, rehuía.
¿Quién nos contará lo que temía
de Judá Enseh y su usina, que está paga?
el gen se altera por la celulosa
brotarán del ADN malas cosas
y mutantes de él todos al hilo.
Y, con vocales muy antiorientales,
se hará Demanda llena de estulticia,
cifra de Kirchner, que su pálida Insolencia
trueque en La Haya en párrafos triviales.
Artigas y Andresito lo supieron
en el Exodo. Las escamas del pescado
(diz el trasmallista) hanse esfumado
y las canoas a oscuras se extraviaron.
Las argucias y el lo atamo con alambre
no tienen fin. Sábese la algarabía
de Fray Bentos discutiendo progresías
en la tertulia de las papelerías.
No ocurre, amigos, al modo de otras sagas,
que se cuentan ahora mercenarias.
Es cierto: vese mutante y roja la achicoria,
debido a Judá Enseh, tornasolada.
Angurriento por asir cual Jehová ase,
Judá Enseh diose a volcar turbias pociones
con prospectos de raras confecciones.
Al final signó el Cheque que es la Llave,
la Concesión, los Eucaliptus y el Espacio,
a los jerarcas y a través de hábiles manos
deslumbró: ¡Les dejará todo el ceibal enano!
La Chimenea irritó con aspavientos
las córneas, olfatéaronse pérfidos olores
incomprensibles, ausentes de rubores
y estrenáronse con miedo las labores.
Poco a poco se la observó (como vosotros)
encadenada a tratativas incoloras
de Bielsa, Gargano, Batlle, Busti y su Sra.,
PJ, Frente Amplio, Vos y Tú, Cuises y Potros.
(El frenteamplista que esparció el cardumen
no habló, con mucha astucia, de ese bitumen;
estas anécdotas las refiere Menem
citando a Sócrates en sórdido volumen)
Judá Enseh mentaba lo diverso:
Esto es el dedo gordo; esto un yuyo; esto la boga
y consiguió tras semestres con su verso
un pez mutante adicto a las sus drogas.
Quizá hubo un error de Economía
o en la implementación. Que no se asombren;
malgrado iras con altanería,
nada explicó Jorge Busti ni sus hombres.
Los dioxinas, menos cuchillas que cerros,
y harto más formaciones montañosas
acopiaba Judá Enseh con sus cosas:
viose una oveja ladrando como un perro.
Algo anormal tenían planta y bitumen
pues el gato de Judá Enseh que era albino
fue naranja. (Ese gato no lo nombra Menem:
yo en la agenda suya lo adivino)
La chimenea a Finlandia dio filiales
lecciones y a Finlandia remedaba
o, arrogante y fría, se expandía
en prolíferas inversiones orientales.
Rabí Enseh observaba con premura
y con algún estupor. ¿Cómo (se dijo)
provoqué tanto lío así de fijo
y piquetes induje con soltura?
¿Por qué no leí la letra chiquitita,
del prospecto un rato más? ¿Por qué no sana
esa oveja azulada, informe cual banana
si hay dioxina así de poquitita?
La mente de K., que a veces vaga,
a Menem, bizca mirada, rehuía.
¿Quién nos contará lo que temía
de Judá Enseh y su usina, que está paga?