Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Un enjambre de luces movedizas,
traspasaba el tiempo,
y cuando el color de tu piel se apagaba,
avanzaba hacia un limbo de materia.
Llegó al surco donde todos los astros
construían barcos, sembraban perdición.
Mientras desenterraba el agua
oculta del océano,
iba a flote un nuevo horizonte,
el silencio de la vida.
Cada vez su mirada se diluía más,
rozando la ceguera,
y el polvo incorporado en el cristal
-Ah, dame una mano con la que salir de mi cuerpo.-,
de la luna, se acercaba progresivamente.
Y solo era él saliendo a la superficie…
Y el cielo, sus susurros…
Su forma de hablar con las estrellas…
Su latido.
Su alma…
Un nuevo lugar para vivir,
con y por todos a la vez.
Y lo que no era suyo resultó serlo,
a través de…
La luz.
El sonido.
Se personó en…
El libro de la historia…
Y se unió con el tiempo…
A través del espacio…
Como si fuese una nueva forma de recuperar la realidad.
Una voz interior…
Y mi excesivo afán por mostrar
que lo ajeno es tan mío…
Como abierta mi mente…
Que el verso es el ciclo…
En el que vuelvo a amarte eternamente…
Sin vistas al futuro…
Sin vista.
Sin mí.
Con este etcétera.
traspasaba el tiempo,
y cuando el color de tu piel se apagaba,
avanzaba hacia un limbo de materia.
Llegó al surco donde todos los astros
construían barcos, sembraban perdición.
Mientras desenterraba el agua
oculta del océano,
iba a flote un nuevo horizonte,
el silencio de la vida.
Cada vez su mirada se diluía más,
rozando la ceguera,
y el polvo incorporado en el cristal
-Ah, dame una mano con la que salir de mi cuerpo.-,
de la luna, se acercaba progresivamente.
Y solo era él saliendo a la superficie…
Y el cielo, sus susurros…
Su forma de hablar con las estrellas…
Su latido.
Su alma…
Un nuevo lugar para vivir,
con y por todos a la vez.
Y lo que no era suyo resultó serlo,
a través de…
La luz.
El sonido.
Se personó en…
El libro de la historia…
Y se unió con el tiempo…
A través del espacio…
Como si fuese una nueva forma de recuperar la realidad.
Una voz interior…
Y mi excesivo afán por mostrar
que lo ajeno es tan mío…
Como abierta mi mente…
Que el verso es el ciclo…
En el que vuelvo a amarte eternamente…
Sin vistas al futuro…
Sin vista.
Sin mí.
Con este etcétera.