"Y allí estaba de nuevo, su enjuta figura al lado de la ventana, como un antiguo lobo herido, silencioso y melancólico. A los niños siempre les pareció una vieja momia, un recuerdo de la historia de la humanidad, cuando los tiempos olían a tabaco y a sudor. Nunca nadie se atrevió a penetrar en su mirada, a mirar a los ojos a aquel viejo cascarrabias. Guardaba tal vez amargura en su interior, antiguas leyendas de amores pasados, de mujeres en los puertos, de camisas rojas...
A veces, la miraba... aquella niña regordeta que lo analizaba con temor... le hacía gracia, le hacían sonreír sus temores infantiles.
Y un día, en la víspera del cumpleaños de ella, murió. Solo, sepultado entre millares de libros que contaban cientos de historias, pero no la suya. Su ceño fruncido, su penetrante olor a lo inevitable, su amor al mar, todo, se desvaneció, para no volver jamás.
Quedó la casa vacía. Volaron libres sus canarios, que cuidó con tanto amor, se tornó polvo su ropa, fueron quemados los libros, que tanto amaba, mi Quijote, mi guardián de la cueva."
A veces, la miraba... aquella niña regordeta que lo analizaba con temor... le hacía gracia, le hacían sonreír sus temores infantiles.
Y un día, en la víspera del cumpleaños de ella, murió. Solo, sepultado entre millares de libros que contaban cientos de historias, pero no la suya. Su ceño fruncido, su penetrante olor a lo inevitable, su amor al mar, todo, se desvaneció, para no volver jamás.
Quedó la casa vacía. Volaron libres sus canarios, que cuidó con tanto amor, se tornó polvo su ropa, fueron quemados los libros, que tanto amaba, mi Quijote, mi guardián de la cueva."