SOLCIEGO
Poeta asiduo al portal
Al paso aligerado por la tarde
va el hombre cabizbajo en trance,
sigue un límpido camino cabrero,
atisbando el crepúsculo lejano
pintado de rojo escarlata
entre el cielo y la majada,
que va atravesando matorrales
deshojados por el tiempo
dónde no llega la savia.
Al paso aligerado por la tarde
va el hombre cabizbajo en trance,
deja al viento sus canciones
canciones ya desgastadas
cortadas por un bostezo de hambre,
mientras su alpargata rota,
resuena en un suelo seco
que a sus ritmos acompasan.
Al paso aligerado por la tarde
va el hombre cabizbajo en trance,
y un casal de enojados pájaros
carretean a su paso,
y él, busca con su mirada cansada
la invisible presencia de algo
que pasa sin ser visto
aprovechando del ocaso su letargo,
mientras una miga de cansancio
distrae en una pausa
de momentos su tonada
y sigue en el camino cabrero
sin bajar el repiqueteo
de su firme y andariego paso,
sobre el camino dormido
en la rucia y encantada tarde
amenazado por las sombras
de la noche lóbrega y solitaria.
Al paso aligerado por la tarde
va el hombre cabizbajo en trance,
sobre un camino blanco y apático
polvoriento, como él mismo,
entre aquel silbo sacro
que no alegra, sino que delata
la ausencia de esperanza.
Y mientras más corre la tarde
desterrada y empujada
por la altives de la noche,
escucha el vuelo de un ave
que trapea sus alas
entre las escasas ramas
disfrazadas en la noche
cual fantasmas.
Al paso aligerado por la tarde
va el hombre cabizbajo en trance,
al golpe de tropeles de viento
forcejeando un monte dormido
temeroso de quedar encarcelado
entre llantos de hombres
ensombrecidos de karma.
Y mientras la tarde huye
abatida por la noche liosa,
que la consume
y se adueña del camino
desnudando sus misterios,
un ave soñolienta en su último vuelo
esconde su cabeza bajo el ala
buscando en su efímero sueño
ahuyentar su temor
ante el negro recinto pasajero.
El hombre cabizbajo, agudiza su mirada,
en busca de un farol que no existe,
tal vez solo en su mente y en su esperanza,
ve su vida mustia y miserable
en un vaivén de luces y sombras
acompañadas de miserias al día
en las noches de reflexiones vagas.
va el hombre cabizbajo en trance,
sigue un límpido camino cabrero,
atisbando el crepúsculo lejano
pintado de rojo escarlata
entre el cielo y la majada,
que va atravesando matorrales
deshojados por el tiempo
dónde no llega la savia.
Al paso aligerado por la tarde
va el hombre cabizbajo en trance,
deja al viento sus canciones
canciones ya desgastadas
cortadas por un bostezo de hambre,
mientras su alpargata rota,
resuena en un suelo seco
que a sus ritmos acompasan.
Al paso aligerado por la tarde
va el hombre cabizbajo en trance,
y un casal de enojados pájaros
carretean a su paso,
y él, busca con su mirada cansada
la invisible presencia de algo
que pasa sin ser visto
aprovechando del ocaso su letargo,
mientras una miga de cansancio
distrae en una pausa
de momentos su tonada
y sigue en el camino cabrero
sin bajar el repiqueteo
de su firme y andariego paso,
sobre el camino dormido
en la rucia y encantada tarde
amenazado por las sombras
de la noche lóbrega y solitaria.
Al paso aligerado por la tarde
va el hombre cabizbajo en trance,
sobre un camino blanco y apático
polvoriento, como él mismo,
entre aquel silbo sacro
que no alegra, sino que delata
la ausencia de esperanza.
Y mientras más corre la tarde
desterrada y empujada
por la altives de la noche,
escucha el vuelo de un ave
que trapea sus alas
entre las escasas ramas
disfrazadas en la noche
cual fantasmas.
Al paso aligerado por la tarde
va el hombre cabizbajo en trance,
al golpe de tropeles de viento
forcejeando un monte dormido
temeroso de quedar encarcelado
entre llantos de hombres
ensombrecidos de karma.
Y mientras la tarde huye
abatida por la noche liosa,
que la consume
y se adueña del camino
desnudando sus misterios,
un ave soñolienta en su último vuelo
esconde su cabeza bajo el ala
buscando en su efímero sueño
ahuyentar su temor
ante el negro recinto pasajero.
El hombre cabizbajo, agudiza su mirada,
en busca de un farol que no existe,
tal vez solo en su mente y en su esperanza,
ve su vida mustia y miserable
en un vaivén de luces y sombras
acompañadas de miserias al día
en las noches de reflexiones vagas.