Norainu
Poeta fiel al portal
El hombre de la esquina. (Eugenia 5.0)
Estaba rígido el hombre de la esquina.
El pecho levantado por la tetanía asfixiante,
la cabeza hundida en el pecho,
incrustada, metida entre los omóplatos,
quedándose a nivel del corazón.
Cuando lo vieron el criterio fué unánime,
tenía una rigidez cadavérica, casi instantánea.
Tus ojos mirándome,
clavándose azules sobre el eje de mi cuerpo,
cuya quietud era extrema.
Su tórax estaba agitado, expandido, globuloso.
Por primera vez.
Los sentimientos se cartografían,
son mapas y estados del organismo.
Tus curvas letales, las caderas saliendo del agua en verano,
tu superficie ventral generando con deslumbrante artificio,
espacios de cautivadora majestuosidad.
Esa ligera flexión de la rodilla izquierda
que me mata al verte caminar.
Mantuviste esa posición hasta que su cuerpo estaba definitiva
y obviamente tenso.
El amor debió ser brutal, instantáneo, total,
de un solo golpe.
Estaba rígido el hombre de la esquina.
Cuando te vio por primera vez.
Estaba rígido el hombre de la esquina.
El pecho levantado por la tetanía asfixiante,
la cabeza hundida en el pecho,
incrustada, metida entre los omóplatos,
quedándose a nivel del corazón.
Cuando lo vieron el criterio fué unánime,
tenía una rigidez cadavérica, casi instantánea.
Tus ojos mirándome,
clavándose azules sobre el eje de mi cuerpo,
cuya quietud era extrema.
Su tórax estaba agitado, expandido, globuloso.
Por primera vez.
Los sentimientos se cartografían,
son mapas y estados del organismo.
Tus curvas letales, las caderas saliendo del agua en verano,
tu superficie ventral generando con deslumbrante artificio,
espacios de cautivadora majestuosidad.
Esa ligera flexión de la rodilla izquierda
que me mata al verte caminar.
Mantuviste esa posición hasta que su cuerpo estaba definitiva
y obviamente tenso.
El amor debió ser brutal, instantáneo, total,
de un solo golpe.
Estaba rígido el hombre de la esquina.
Cuando te vio por primera vez.
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