Jacobino
Poeta recién llegado
Hay un hombre puente en Euskadi,
que al fin, cada vez más comprometido
en ejercer tal cometido, se juega
a que haga pum! la pistola que lleva
pegada a su sien. Otegi, un asesino
para muchos españoles que solo escuchan
el galope de los caballos, pero no atinan
a observar quienes son los jinetes
que atizan sobre el verde paraje
de Euskadi unas llamas de fuego
imposibles de apagar, si no se busca otra vez
el construir puentes para que los unos
y los otros se escuchen en silencio,
dejando de una vez tanto griterío,
autoafirmación que nos encripta
como si fuéramos tan solo malditas piedras
de un paisaje feroz: Euskadi, pero también
España. Otegi es de nuevo la esperanza
de que una conexión se pueda producir,
tras haberse roto las anteriores, intenciones
que frustraron al gobierno socialdemócrata
y se convenció de la efectividad de medidas policiales
y nada más.
Y sin nada más no vamos a ningún lado,
sin nada más eso no acaba nunca,
así pues, según lo veo, ese abertzale
tan próximo a ETA, pero que al mismo tiempo
se va apartando(cosas de la Física),
es un caudal que los socialdemócratas
no pueden despreciar sin arrepentirse después.
A Otegi le pueden liquidar desde cualquiera
de las dos aceras: unos mandándole a un presidio
absurdo, otros reventándole la cabeza
con sus balas enloquecidas. Por ello quizá,
a ese puente no le reste mucho tiempo en caer.
Y nadie parece dispuesto a pasarlo
mientras se mantiene en pie.
que al fin, cada vez más comprometido
en ejercer tal cometido, se juega
a que haga pum! la pistola que lleva
pegada a su sien. Otegi, un asesino
para muchos españoles que solo escuchan
el galope de los caballos, pero no atinan
a observar quienes son los jinetes
que atizan sobre el verde paraje
de Euskadi unas llamas de fuego
imposibles de apagar, si no se busca otra vez
el construir puentes para que los unos
y los otros se escuchen en silencio,
dejando de una vez tanto griterío,
autoafirmación que nos encripta
como si fuéramos tan solo malditas piedras
de un paisaje feroz: Euskadi, pero también
España. Otegi es de nuevo la esperanza
de que una conexión se pueda producir,
tras haberse roto las anteriores, intenciones
que frustraron al gobierno socialdemócrata
y se convenció de la efectividad de medidas policiales
y nada más.
Y sin nada más no vamos a ningún lado,
sin nada más eso no acaba nunca,
así pues, según lo veo, ese abertzale
tan próximo a ETA, pero que al mismo tiempo
se va apartando(cosas de la Física),
es un caudal que los socialdemócratas
no pueden despreciar sin arrepentirse después.
A Otegi le pueden liquidar desde cualquiera
de las dos aceras: unos mandándole a un presidio
absurdo, otros reventándole la cabeza
con sus balas enloquecidas. Por ello quizá,
a ese puente no le reste mucho tiempo en caer.
Y nadie parece dispuesto a pasarlo
mientras se mantiene en pie.