Gonzalo
Poeta asiduo al portal
El hombre solo
Una mujer sola
no puede curar su soledad
porque nada está enfermo
(Yolanda Pantin. Vitral de mujer sola)
Va el hombre solo a la calle
¿o la calle va por él? No se distingue,
va en silencio ante la ausencia de los hijos
va su muerte en la indecible de las hijas
va en su ropa hecha de arrugas infinitas
que le hicieron esas sábanas burlonas
que no entiende y que no quiere comprender
Va paseando desde su ilusión quebrada
a los lares de ilusiones que él quebró
Ya sus humos no oscurecen las alturas
y hacen turbio de su pecho el respirar
va escondiéndonos su paso adormecido
en la mueca que le sirve de disfraz
se demora en la mujer que no le ve
y se aferra a aquél detalle, a aquélla frase,
a sus miedos y a las faltas de su fe:
Mientras torpe lavas solo tu vajilla
crees ingenuo que tus culpas van después
Mira el rabo de una nube que se borra
y se teme como igual a lo que ve
y se evade de sí mismo en los mercados
pero mira con temor a las verduras,
a las carnes y a los otros hombres solos,
bolsas cuelgan de las manos y los ojos
que le afirman duramente una certeza:
Estás solo, hombre solo, entre las dudas
que no aclara ni el más limpio amanecer
Ya en la noche se sumerge el hombre solo
en la que antes era amiga y ahora no
le reciben los aromas de lo ajeno,
y una cama hecha desierta inmensidad,
fotos viejas de perfectas ironías,
risas falsas, un teléfono silente,
y verdades que le niegan el descanso:
No es dormir lo que le falta a tus pesares,
sino sueños, hombre solo, ¿no lo ves?
Gonzalo Himiob Santomé
Una mujer sola
no puede curar su soledad
porque nada está enfermo
(Yolanda Pantin. Vitral de mujer sola)
Va el hombre solo a la calle
¿o la calle va por él? No se distingue,
va en silencio ante la ausencia de los hijos
va su muerte en la indecible de las hijas
va en su ropa hecha de arrugas infinitas
que le hicieron esas sábanas burlonas
que no entiende y que no quiere comprender
Va paseando desde su ilusión quebrada
a los lares de ilusiones que él quebró
Ya sus humos no oscurecen las alturas
y hacen turbio de su pecho el respirar
va escondiéndonos su paso adormecido
en la mueca que le sirve de disfraz
se demora en la mujer que no le ve
y se aferra a aquél detalle, a aquélla frase,
a sus miedos y a las faltas de su fe:
Mientras torpe lavas solo tu vajilla
crees ingenuo que tus culpas van después
Mira el rabo de una nube que se borra
y se teme como igual a lo que ve
y se evade de sí mismo en los mercados
pero mira con temor a las verduras,
a las carnes y a los otros hombres solos,
bolsas cuelgan de las manos y los ojos
que le afirman duramente una certeza:
Estás solo, hombre solo, entre las dudas
que no aclara ni el más limpio amanecer
Ya en la noche se sumerge el hombre solo
en la que antes era amiga y ahora no
le reciben los aromas de lo ajeno,
y una cama hecha desierta inmensidad,
fotos viejas de perfectas ironías,
risas falsas, un teléfono silente,
y verdades que le niegan el descanso:
No es dormir lo que le falta a tus pesares,
sino sueños, hombre solo, ¿no lo ves?
Gonzalo Himiob Santomé