LOS lobos acechan, inquebrantables,
al pan dorado, al oro negro,
al placer de la uva tinta
y al intenso aroma a espliego.
Aullan en pro de la libertad y las primaveras.
Traen muchos presidentes al humilde labriego.
Demasiados.
Pero cuando el trabajo da su dorado fruto
huyen, rabo escondido, al mercado de altos precios.
¿Qué nos queda? Billetes verdes.
Fuego,
para el intenso frío del pobre en los inviernos.
Y ay de aquél que no se acoja
a la libertad; la del negocio libre y abierto
No descubrieron la tierra, pero sí
el laser que bombardea la luna de nuestro cielo.
Cuando las llagas maduras exploten
en las manos y el corazón del último obrero,
y cuando la teta exprimida llene
de blanca leche gota a gota el último cuenco,
y las ovejas ya extinguidas se las lleve
la muerte como a la espiga se las lleva el viento
¡Clamarán a ese becerro de oro!
para que nos les traiga el mercado del sufrimiento.
al pan dorado, al oro negro,
al placer de la uva tinta
y al intenso aroma a espliego.
Aullan en pro de la libertad y las primaveras.
Traen muchos presidentes al humilde labriego.
Demasiados.
Pero cuando el trabajo da su dorado fruto
huyen, rabo escondido, al mercado de altos precios.
¿Qué nos queda? Billetes verdes.
Fuego,
para el intenso frío del pobre en los inviernos.
Y ay de aquél que no se acoja
a la libertad; la del negocio libre y abierto
No descubrieron la tierra, pero sí
el laser que bombardea la luna de nuestro cielo.
Cuando las llagas maduras exploten
en las manos y el corazón del último obrero,
y cuando la teta exprimida llene
de blanca leche gota a gota el último cuenco,
y las ovejas ya extinguidas se las lleve
la muerte como a la espiga se las lleva el viento
¡Clamarán a ese becerro de oro!
para que nos les traiga el mercado del sufrimiento.