alejandro guardiola
Poeta adicto al portal
Vino buscando la vida
un niño recién nacido
vino buscando la vida
con el viento como amigo
A la puerta de un convento
dejaron la canastilla
pobre niño abandonado
hace poco que has nacido
El cura se lava las manos
lo llevan al orfanato
entre palos va creciendo
le llaman el inclusero
A través de la ventana
de su estrecha habitación
mira pasear la gente
triste el muro de prisión
El viento sopla en la noche
se desata la tormenta
el rayo fuerte fulgura
el trueno ya está presente
Fueron pasando los años
y cumplió su mayoría
va buscando un trabajo
en un mundo en desventura
Se le cerraron las puertas
sin comida y sin bebida
va recorriendo caminos
sin saber de su destino
En un bosque muy profundo
con un bandolero tropieza
que al ver su cara de pena
le ofrece vino y comida
Con sus fuerzas ya repuestas
él prosigue su camino
cuando una viejecita
le dice, detente, no sigas
Que en lo alto del sendero
hay un castillo en ruinas
que dicen que está maldito
y ninguno ha regresado
Piensa para si mismo
que me importa la vida
entre mis lloros y penas
si he de morir, que así sea
Caía la noche cerrada
cuando avista el castillo
ni un solo ruido brota
de la maleza perdida
La puerta está entreabierta
carcomida por los años
dentro una suculenta cena
unas velas la iluminan
La mesa limpia, muy limpia,
los platos recién servidos
y con el hambre que lleva
el se encuentra bien servido
Doce campanadas resuenan
en el torreón del castillo
cuando aparece una sombra
con sus garras afiladas
Su cuerpo mitad león
la otra mitad humana
sus ojos son dos braseros
con la furia en su mirada
Como osas vagabundo
apropiarte de mi cena
que he de hacer contigo
si no arrancarte la vida
El joven no se amilana
el temblor va por dentro
perdonadme mi osadía
me llaman el inclusero
Al oír estas palabras
se calma la ira del ser
yo conocí a tu madre
era una buena mujer
Murió cuando tú naciste
y su innoble compañero
llevado en una canastilla
te abandonó en una iglesia
Esta forma que me ves
es por mis malas acciones
una vieja que era un hada
me condenó de por vida
Una tarde malherido
de eso a muchos años
tu madre curó mis heridas
sin temor a mi figura
Vuelve por donde has venido
coge oro y coge joyas
todas llenas de diamantes
de zafiros y esmeraldas
Regresa al pueblo el muchacho
donde fuera despreciado
sentado en una carroza
al pescante dos cocheros
Detrás van cuatro jinetes
con armaduras de oro
al lado una bella dama
que es su amada y su tesoro
Todos quedan sorprendidos
ahora buscan ser amigos
pero no tiende la mano
le llaman el inclusero
un niño recién nacido
vino buscando la vida
con el viento como amigo
A la puerta de un convento
dejaron la canastilla
pobre niño abandonado
hace poco que has nacido
El cura se lava las manos
lo llevan al orfanato
entre palos va creciendo
le llaman el inclusero
A través de la ventana
de su estrecha habitación
mira pasear la gente
triste el muro de prisión
El viento sopla en la noche
se desata la tormenta
el rayo fuerte fulgura
el trueno ya está presente
Fueron pasando los años
y cumplió su mayoría
va buscando un trabajo
en un mundo en desventura
Se le cerraron las puertas
sin comida y sin bebida
va recorriendo caminos
sin saber de su destino
En un bosque muy profundo
con un bandolero tropieza
que al ver su cara de pena
le ofrece vino y comida
Con sus fuerzas ya repuestas
él prosigue su camino
cuando una viejecita
le dice, detente, no sigas
Que en lo alto del sendero
hay un castillo en ruinas
que dicen que está maldito
y ninguno ha regresado
Piensa para si mismo
que me importa la vida
entre mis lloros y penas
si he de morir, que así sea
Caía la noche cerrada
cuando avista el castillo
ni un solo ruido brota
de la maleza perdida
La puerta está entreabierta
carcomida por los años
dentro una suculenta cena
unas velas la iluminan
La mesa limpia, muy limpia,
los platos recién servidos
y con el hambre que lleva
el se encuentra bien servido
Doce campanadas resuenan
en el torreón del castillo
cuando aparece una sombra
con sus garras afiladas
Su cuerpo mitad león
la otra mitad humana
sus ojos son dos braseros
con la furia en su mirada
Como osas vagabundo
apropiarte de mi cena
que he de hacer contigo
si no arrancarte la vida
El joven no se amilana
el temblor va por dentro
perdonadme mi osadía
me llaman el inclusero
Al oír estas palabras
se calma la ira del ser
yo conocí a tu madre
era una buena mujer
Murió cuando tú naciste
y su innoble compañero
llevado en una canastilla
te abandonó en una iglesia
Esta forma que me ves
es por mis malas acciones
una vieja que era un hada
me condenó de por vida
Una tarde malherido
de eso a muchos años
tu madre curó mis heridas
sin temor a mi figura
Vuelve por donde has venido
coge oro y coge joyas
todas llenas de diamantes
de zafiros y esmeraldas
Regresa al pueblo el muchacho
donde fuera despreciado
sentado en una carroza
al pescante dos cocheros
Detrás van cuatro jinetes
con armaduras de oro
al lado una bella dama
que es su amada y su tesoro
Todos quedan sorprendidos
ahora buscan ser amigos
pero no tiende la mano
le llaman el inclusero