Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL JUEGO DE LA GUERRA
Desde el frente, situado a más de 50 kilómetros, llegaba el estruendo de las bombas que lanzaban los aviones. El niño, de cuatro años, jugaba en su casa con un avión que había construido con dos astillas cruzadas, para simular las alas, y una piedrecita que lanzaba como si fuese la bomba. Despegó el “avión” sobre la mesa de la cocina, lanzo la piedrecita sobre el sofá y aterrizó en la mesa de la sala. Imitaba muy bien el ruido del motor y el estruendo de la bomba:
– Ñaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. ¡Bummmmmmmmmmm! Ñaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
El padre del “pequeño piloto”, que estaba adormilado en el sofá, se despertó asustado, estrelló contra el suelo el avión de astillas, abrazó a su hijo y exclamó llorando:
– No, hijo mío, no. No juegues a la guerra. Mañana nos iremos lejos, muy lejos, a otro país, donde puedas vivir y jugar en paz.
En aquel momento decidió abandonar su país.
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