Rulo
Poeta veterano en el portal.
EL JUICIO
Tu figura camina sola,
tu mirada no es altanera,
es el áureo de tus pupilas
que la encuentran perversa.
Nunca me contemplaste
éramos de distinta nobleza,
yo convertido en plebeyo
y tú, de corazones eras reina.
Siendo niña despuntabas belleza,
tu piel era el satén que abarcaba
el juicio ante mi firmeza;
debía ser suave y delicada
así eran tus pies en mi tierra.
En verano te llenas de sortijas,
el níveo lino viste tu prenda,
en ella, baila contento el céfiro
mientras rendimos a tus piernas
el galán, no se exime de exclamar
¡Son tan altas y bellas!
Nunca quisiste abrazarme
y ahora que las horas me acechan
y mis ataviados se llenan de bruma
la cólera, de mi cuerpo es dueña.
Tu figura camina sola,
tu mirada no es altanera,
es el áureo de tus pupilas
que la encuentran perversa.
Las calles te miran con respeto;
para mí, siempre fuiste doncella
para mí, siempre fuiste doncella
Nunca me contemplaste
éramos de distinta nobleza,
yo convertido en plebeyo
y tú, de corazones eras reina.
Siendo niña despuntabas belleza,
tu piel era el satén que abarcaba
el juicio ante mi firmeza;
debía ser suave y delicada
así eran tus pies en mi tierra.
En verano te llenas de sortijas,
el níveo lino viste tu prenda,
en ella, baila contento el céfiro
mientras rendimos a tus piernas
el galán, no se exime de exclamar
¡Son tan altas y bellas!
Nunca quisiste abrazarme
y ahora que las horas me acechan
y mis ataviados se llenan de bruma
la cólera, de mi cuerpo es dueña.
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