… y hablan los vientos a esa cruz interna,
al corazón como un ratoncito encogido,
a los ratoncitos que saben esperar…
a la isla frondosa sobre el tiempo,
a los lomos literarios por los montes,
y los encuentros entre los limoneros de la plaza medicinal…
y en esas tardes ociosas,
¡que ligero el lagarto sobre las canciones!,
¡ay! Que ligero, corazón y tequila,
los bullicios, las puertas abiertas y los vistosos colores…