Sira
Poeta fiel al portal
Tus lágrimas candentes no significan
nada para mí,
por muchos océanos que derrames
observándome apesadumbrado
desde el suelo;
como un muñeco roto
de mirada vacía y agonizante.
Quizás pronto, muy pronto
vagarás como un espectro lejos de mí,
escrutándome embelesado e incansable
ya sea desde el cielo o un sumidero;
con la canción de cuna que ahora te susurro
al oído resonando eterna, despiadadamente
entre las paredes marfileñas de tu cabeza.
Como el incesante
quejido del viento que aúlla tras la ventana,
aquí tienes mi canción de cuna para que
cierres los ojos en paz.
Pues el afecto que nunca profesaste
ahora yo te lo entrego como presente,
a pesar de que lo cierto es que jamás lo mereciste
siendo la grotesca marioneta inválida que eres.
Mas no debes sufrir por más tiempo,
porque aunque sienta que para mí
no significas lo suficiente como para poder llorar
siempre tendrás mi balada para hacerte compañía.
Y con el paso de las eras en que errarás solitario y perdido
tal vez comprendas que eres más feliz sin el único recuerdo
que te ha quedado de mi pulverizado cuerpo;
y sin embargo jamás oirás de mis labios
que lo he sentido ni por un momento.
Y ya que no hay nada que puedas hacer al respecto,
tan sólo escucha el incesante lamento del viento
que ulula consternado y lúgubre tras la ventana.
Te prometo que el céfiro portará consigo el recuerdo
de mi canción de cuna, para que cierres los ojos en paz...
nada para mí,
por muchos océanos que derrames
observándome apesadumbrado
desde el suelo;
como un muñeco roto
de mirada vacía y agonizante.
Quizás pronto, muy pronto
vagarás como un espectro lejos de mí,
escrutándome embelesado e incansable
ya sea desde el cielo o un sumidero;
con la canción de cuna que ahora te susurro
al oído resonando eterna, despiadadamente
entre las paredes marfileñas de tu cabeza.
Como el incesante
quejido del viento que aúlla tras la ventana,
aquí tienes mi canción de cuna para que
cierres los ojos en paz.
Pues el afecto que nunca profesaste
ahora yo te lo entrego como presente,
a pesar de que lo cierto es que jamás lo mereciste
siendo la grotesca marioneta inválida que eres.
Mas no debes sufrir por más tiempo,
porque aunque sienta que para mí
no significas lo suficiente como para poder llorar
siempre tendrás mi balada para hacerte compañía.
Y con el paso de las eras en que errarás solitario y perdido
tal vez comprendas que eres más feliz sin el único recuerdo
que te ha quedado de mi pulverizado cuerpo;
y sin embargo jamás oirás de mis labios
que lo he sentido ni por un momento.
Y ya que no hay nada que puedas hacer al respecto,
tan sólo escucha el incesante lamento del viento
que ulula consternado y lúgubre tras la ventana.
Te prometo que el céfiro portará consigo el recuerdo
de mi canción de cuna, para que cierres los ojos en paz...