Julius 1200
Poeta fiel al portal
Ese amanecer nació el lenguaje de la Pradera
de ríos ramificados y fervientes primaveras.
Espléndidos bosques donde sucedieron cruentas
batallas,
donde hendidos por el estrépito del hacha y por
las licuadas hogueras de las Ogros se arrasaron
animales y plantas.
Allí mi bella mujer vio la luz primera, allí vivió,
allí concibió y como la primera vez me espera.
La fugacidad hilvanó tiempos, tejiéndolos con
delicadas sedas.
Esa fugacidad no olvida las fatigas. Cuenta largas
marchas, peligrosos son los oscuros senderos.
Pero el séxtuple mes volvía la alegría de regalos
azules del cielo y de flores extendidas...
Del aquel brillo solar y los piélagos conformados
en los ocasos.
En el crudo Invierno volvían temibles tormentas.
De las semanas de lluvia caían enormes piedras.
Pero en las venas del amor el soplo alborea,
y de la inercia del tibio calor acaricia la chimenea.
Allí mi bella mujer nació, creó y fue esa Pradera...
de ríos ramificados y fervientes primaveras.
Espléndidos bosques donde sucedieron cruentas
batallas,
donde hendidos por el estrépito del hacha y por
las licuadas hogueras de las Ogros se arrasaron
animales y plantas.
Allí mi bella mujer vio la luz primera, allí vivió,
allí concibió y como la primera vez me espera.
La fugacidad hilvanó tiempos, tejiéndolos con
delicadas sedas.
Esa fugacidad no olvida las fatigas. Cuenta largas
marchas, peligrosos son los oscuros senderos.
Pero el séxtuple mes volvía la alegría de regalos
azules del cielo y de flores extendidas...
Del aquel brillo solar y los piélagos conformados
en los ocasos.
En el crudo Invierno volvían temibles tormentas.
De las semanas de lluvia caían enormes piedras.
Pero en las venas del amor el soplo alborea,
y de la inercia del tibio calor acaricia la chimenea.
Allí mi bella mujer nació, creó y fue esa Pradera...