Los recuerdos son las hojas
del gran libro de la vida,
unas llegan perfumadas,
otras llegan malheridas.
Van pasando por el alma
como lentas romerías,
despertando en el silencio
las más hondas melodías.
Hay recuerdos que en la noche
arden como viejas cimas,
y otros bajan mansamente
como lluvia bendecida.
En algunos duerme el llanto
de las horas ya perdidas,
y en otros vive la calma
de las batallas vencidas.
Cada instante va escribiendo
su verdad sobre la arcilla,
mientras el tiempo, incansable,
pasa página a la vida.
Y aunque a veces nos persigan
sombras de antiguas heridas,
también dejan su enseñanza
las derrotas padecidas.
Porque el hombre es la memoria
de cuanto amó en esta vida,
y en sus recuerdos conserva
la raíz de su semilla.
Por eso guardo en silencio
lo que el corazón me dicta,
pues hasta el dolor más hondo
deja una luz encendida.
del gran libro de la vida,
unas llegan perfumadas,
otras llegan malheridas.
Van pasando por el alma
como lentas romerías,
despertando en el silencio
las más hondas melodías.
Hay recuerdos que en la noche
arden como viejas cimas,
y otros bajan mansamente
como lluvia bendecida.
En algunos duerme el llanto
de las horas ya perdidas,
y en otros vive la calma
de las batallas vencidas.
Cada instante va escribiendo
su verdad sobre la arcilla,
mientras el tiempo, incansable,
pasa página a la vida.
Y aunque a veces nos persigan
sombras de antiguas heridas,
también dejan su enseñanza
las derrotas padecidas.
Porque el hombre es la memoria
de cuanto amó en esta vida,
y en sus recuerdos conserva
la raíz de su semilla.
Por eso guardo en silencio
lo que el corazón me dicta,
pues hasta el dolor más hondo
deja una luz encendida.