Jcmch
Poeta veterano en el portal.
Con un poco de hiedra magmática y prístina,
los heraldos de los polos concurrentes chocan sus intimidades.
Una luna es más mágica que el alba,
y las alegrías son mas translúcidas que el odio.
Un torrente de niebla pudre el tiempo de los témpanos,
y como una espada de las profundidades,
a mi alma crítica traspasa en lentos devenires.
Una noche que cae en cascadas ventanales de anarquía,
promete darte en escenas hostigadas un suicidio.
Los miembros regados por el campo,
recogidos por la hoz del pragmático suspenso.
No te conformes con la estrella esperanzada y oculta.
Corrige a los perros que ladran a la luna,
y al escorpión que se les acerca sigilosamente por el río.
Las damas nórdicas cabalgan en lo alto de las tormentas.
La mano férrea levantada hacia los fuegos de la forja.
El universo de dos mitades traspasado por un cometa infantil.
Dolor y duda. Viaje por los cánticos lejanos de Ushuaia.
Un piano liquido derramado sobre el oro impávido de las escaleras.
Un millar de hormigas blancas destilando ambigüedades.
En ese otro mundo de penumbra y espera,
se que los otoños caerán con las brisas permitidas.
Con esos helados murmullos del sur
cuya luz ciega las miradas que al oriente dirigen su influjo.
Ese bautismo de jabalinas pertinaces.
Una lluvia que invoca la tristeza leve y sutil.
Tu llanto, calido e intrépido, al descargar tu cuello
en la danza colgante que sostiene tus tobillos.
Yo soy el ermitaño anatómico.
Aquel que cuyos huesos se tornan polvorientos.
Aquel que ha dejado la rosa en el asteroide.
Aquel niño que ha viajado en bandada de aves.
Las lágrimas humanas se colorean en la industria.
Ya no será la mente de los míos
más que una dorada insensatez en el futuro.
los heraldos de los polos concurrentes chocan sus intimidades.
Una luna es más mágica que el alba,
y las alegrías son mas translúcidas que el odio.
Un torrente de niebla pudre el tiempo de los témpanos,
y como una espada de las profundidades,
a mi alma crítica traspasa en lentos devenires.
Una noche que cae en cascadas ventanales de anarquía,
promete darte en escenas hostigadas un suicidio.
Los miembros regados por el campo,
recogidos por la hoz del pragmático suspenso.
No te conformes con la estrella esperanzada y oculta.
Corrige a los perros que ladran a la luna,
y al escorpión que se les acerca sigilosamente por el río.
Las damas nórdicas cabalgan en lo alto de las tormentas.
La mano férrea levantada hacia los fuegos de la forja.
El universo de dos mitades traspasado por un cometa infantil.
Dolor y duda. Viaje por los cánticos lejanos de Ushuaia.
Un piano liquido derramado sobre el oro impávido de las escaleras.
Un millar de hormigas blancas destilando ambigüedades.
En ese otro mundo de penumbra y espera,
se que los otoños caerán con las brisas permitidas.
Con esos helados murmullos del sur
cuya luz ciega las miradas que al oriente dirigen su influjo.
Ese bautismo de jabalinas pertinaces.
Una lluvia que invoca la tristeza leve y sutil.
Tu llanto, calido e intrépido, al descargar tu cuello
en la danza colgante que sostiene tus tobillos.
Yo soy el ermitaño anatómico.
Aquel que cuyos huesos se tornan polvorientos.
Aquel que ha dejado la rosa en el asteroide.
Aquel niño que ha viajado en bandada de aves.
Las lágrimas humanas se colorean en la industria.
Ya no será la mente de los míos
más que una dorada insensatez en el futuro.