Sira
Poeta fiel al portal
El licántropo
Tu presencia no era requerida
ni mucho menos, bienvenida.
Tus tanteos constantes, agravantes
inundaban sin permiso cada instante;
como una tempestad embravecida.
Destacaron, sobre mí, tus baluartes
al tiempo que me convertiste en cautiva
-voluntaria pero esquiva- de tus caricias.
No quise creerlo, ni acceder al vasallaje;
mas yo ya era sin saberlo esclava de tu viaje
por los recovecos de mis más oscuras fantasías.
Me descubriste. Me heriste. Me forzaste.
A pesar de mis altas atalayas, tú me derribaste.
Y ahora la bestia dentro de mí aúlla, insaciable,
reclamando la textura de tu piel contra la mía.
Tu presencia no era requerida
ni mucho menos, bienvenida.
Tus tanteos constantes, agravantes
inundaban sin permiso cada instante;
como una tempestad embravecida.
Destacaron, sobre mí, tus baluartes
al tiempo que me convertiste en cautiva
-voluntaria pero esquiva- de tus caricias.
No quise creerlo, ni acceder al vasallaje;
mas yo ya era sin saberlo esclava de tu viaje
por los recovecos de mis más oscuras fantasías.
Me descubriste. Me heriste. Me forzaste.
A pesar de mis altas atalayas, tú me derribaste.
Y ahora la bestia dentro de mí aúlla, insaciable,
reclamando la textura de tu piel contra la mía.
::