Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Estoy envuelta en ligaduras de amatista putrefacta
y cadáveres de espinas resecas
que me mantienen anclada en este Limbo de pesadilla,
hecho de fantasías, realidades lacerantes y recuerdos.
En algún rincón de su mar duerme mi cordura,
quizás dentro de una ostra
como una perla lamida por pensamientos demasiado puros y demasiado obscenos,
o tal vez esté en el estómago de una bestia
que llegó al orgasmo al tragar el cuarzo resplandeciente de su inocencia.
Porque eso era lo que había en mi materia gris
antes de que el gris se convirtiese en constelaciones multicolores.
Y ahora todas estas luces no dejan de parpadear y susurrar
como fantasmas de estrellas.
Esta es la oscuridad que habrías podido sanar
mientras tu piel se bañaba con la mía
y mis cabellos se esparcían sobre tu pecho como tentáculos exhaustos.
Pero no tuvimos suficiente tiempo
y mi cordura sigue dormida en este Limbo demente que ahora es mi santuario.
y cadáveres de espinas resecas
que me mantienen anclada en este Limbo de pesadilla,
hecho de fantasías, realidades lacerantes y recuerdos.
En algún rincón de su mar duerme mi cordura,
quizás dentro de una ostra
como una perla lamida por pensamientos demasiado puros y demasiado obscenos,
o tal vez esté en el estómago de una bestia
que llegó al orgasmo al tragar el cuarzo resplandeciente de su inocencia.
Porque eso era lo que había en mi materia gris
antes de que el gris se convirtiese en constelaciones multicolores.
Y ahora todas estas luces no dejan de parpadear y susurrar
como fantasmas de estrellas.
Esta es la oscuridad que habrías podido sanar
mientras tu piel se bañaba con la mía
y mis cabellos se esparcían sobre tu pecho como tentáculos exhaustos.
Pero no tuvimos suficiente tiempo
y mi cordura sigue dormida en este Limbo demente que ahora es mi santuario.