LuisXavier
Poeta recién llegado
Era el baile más extraño que jamás hubiera visto. Los fantasmas danzaban con los monstruos y los demonios con las bestias. El entorno era lúgubre, las risas se mezclaban con los lamentos, sin embargo pese a que el ambiente se tornaba pesado y el aire era caliente como el fuego, no se podía percibir miedo. Todo aquello parecía más bien un homenaje a la muerte, una ofrenda a la noche, un tétrico ritual de un pueblo ya olvidado. Kaome pensó por qué estaba viendo esas imágenes. Los extraños seres la rodearon invitándola a danzar junto a ellos, pero ella estaba paralizada, no podía moverse. Todos bailaban a su alrededor en un círculo, daban vítores, aplaudían y gritaban frases en un extraño lenguaje ancestral. Kaome entró en pánico, pues tenía un mal presentimiento de lo que ocurriría, más no podía hacer nada. De pronto entre la multitud le pareció reconocer a una mujer vestida de blanco. Era una joven con parte del rostro tapado, de hecho, lo único que dejaba ver eran sus hermosos ojos celestes como el mar. Ella clamaba intensamente como suplicando ayuda. Su voz se distinguía de las demás porque era como la manifestación del dolor mismo, una herida en el pecho, un corazón sangrante. Kaome, nunca la había visto, sin embargo podía sentir como si la conociera de toda la vida, por un segundo le recordó a su hermana. Fue entonces que sorpresivamente logró entender lo que le decía:
-Sálvame, por favor, Kaome, sálvame .... solo tú puedes hacerlo...
Le sorprendió sobre manera que supiera su nombre y eso la espantó. Se dio cuenta también que en ese preciso instante pudo comprender lo que decían los demás.
-¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!
Pensó que la petición de ellos estaba relacionada con la de la mujer y todos pedían que la salvara. Pero ella no podía hacerlo, ¿Cómo podría?, ella se encontraba paralizada, le era imposible.
-¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!
Fue entonces cuando su brazo derecho se movió por sí solo. Con terror notó que en su mano tenía un cuchillo y este se ubicó justo sobre su cuello.
-¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!
Ella no tenía control, intentaba detener sus acciones, pero era inútil. El arma comenzó a cortar su piel. Dio un grito de dolor. Y las lágrimas cayeron de sus ojos. Kaome podía sentir como las fuerzas abandonaban su cuerpo mientras el cuchillo se adentraba más y más en su cuello.
-¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!
La sangre había hecho un charco en el suelo, cuando no quedó ni una sola gota más de vida en ella, el cuerpo se desplomó. Todos festejaron dicho acto, bebieron y brindaron por su muerte. Más entre la algarabía aún se podía escuchar un ruego.
-Por favor, no me dejes, Kaome, ¡Sálvame! ... solo tú puedes hacerlo... sálvame... sálvame...¡SÁLVAME!
La joven despertó aterrada, temblaba y una gota de sudor resbalaba por su frente. Había sido una pesadilla. Oscuridad infinita, laberintos, pasillos que no tienen salida, puertas que no llevan a ningún sitio. La mente es así, un enigma, y a veces el subconsciente nos juega una mala pasada. Plasma en la mente nuestros más inquietantes temores. Hace dos semanas que Kaome no puede dormir bien debido a los sueños perturbadores que tiene. Siempre ve lo mismo en ellos. Una fiesta, seres misteriosos, una mujer vestida de blanco, y luego una muerte. Hoy día le tocó a ella misma. Contemplar tu propia muerte no es fácil, aunque solo sea en un sueño. Uno no puede recuperarse tan rápido de ello. Y efectivamente, Kaome no pudo. Aún sentía en el cuello el dolor del cuchillo, como si la herida aún estuviera fresca, pese a que por más que se revisara no encontrara nada. Estaba ilesa. Sin daño alguno en el cuerpo tal vez, pero no en el alma. -Estás sugestionada-pensó para sí mima. Luego se apuró en alistarse. Se le hacía tarde para llegar a su último día de instituto antes de salir de vacaciones.
Kaome es una joven estudiante de periodismo. Todas las mañanas va a clases esperando que algo nuevo ocurra. Algo. Cualquier cosa, pero que sea distinto. De ser posible una aventura, su primer caso, una nota que cubrir. Pero cada día se desilusiona pues todo permanece igual. En un pequeño pueblo al norte de Perú, existe un lugar llamado Machacuy Huasi, en el cual se rinde cultos a las viejas tradiciones. Los habitantes de la zona son gente muy amable y bondadosa. Sin embargo hace unos días esa tranquilidad se vio teñida de tragedia al haber encontrado un cadáver en una de las casas de esa zona. Los padres de Kaome son oriundos de ese pueblo, y dadas las vacaciones del instituto decidieron ir a visitar su tierra. En realidad las vacaciones eran una excusa, la verdadera razón era que el novio de Quira, hermana menor de Kaome, le iba a pedir la mano en matrimonio y había invitado a toda la familia. Tanto Kaome como Quira desconocían esto, pues el novio quería que fuera una sorpresa.
Al llegar se enteraron rápidamente de la tragedia que había ocurrido en el pueblo. Todos se apenaron en gran manera puesto que pese a que no conocían a la víctima, en aquel pueblo todos eran muy unidos. El dolor de uno es el sufrimiento de todos. Las festividades de la pedida de mano se atrasaron. Kaome decidió indagar más sobre el crimen. Pensó que esta podía ser su historia ideal para iniciar su carrera. Estaba muy emocionada, dentro de lo que cabía, teniendo en cuenta que se trataba de una persona muerta. Preguntó, indagó, investigó hasta dar con los involucrados en el caso. No fue difícil hallarlos en un pueblo tan pequeño. No se detuvo hasta dar con el mismo lugar del crimen. La familia de la casa no quiso dar mucha información y se vio un tanto molesta por las preguntas. Pero Kaome no dejaría pasar la oportunidad, esta era su gran nota, su historia, su carta de presentación al mundo periodístico. No la desperdiciaría. Había algo raro en este caso, su instinto se lo advertía. Aparentemente se trataba de una mujer encontrada en un baúl con muchos años ya de descomposición. ¿Qué pudo haber pasado? ¿Por qué le habían hecho eso? ¿Quién fue el culpable? ¿Cómo es que nadie encontró el baúl hasta hoy? Y lo más importante, ¿Cuándo ocurrió todo?, ¿Sería un crímen o un accidente? Si la víctima era una niña cuando esto ocurrió tal vez entró ahí por juego y luego no pudo salir. Para la mañana siguiente solo había conseguido hablar con tres personas de la casa. Una mujer ya anciana, su esposo y su hija de cuarentena años. La madre le contó que ese baúl había estado en su familia por generaciones. Nadie sabía su procedencia específica. Simplemente había sido heredado de padres a hijos. El esposo sabía aún menos. Desde que se casó con su mujer ese viejo arcón había estado en el desván de la casa, pero nunca habían guardado nada en él. La hija dio un poco más de luz a la historia. Pues dijo que desde que nació el baúl siempre había estado en su casa pero que le tenían prohibido acercarse a él. Reveló también que su abuela le contaba cuentos en la que le advertía del peligro de abrir el baúl. Ya que al igual que la caja de Pandora solo podrían salir pesares para la humanidad si lo hacía. La información recabada era poca y ambigua. No serviría para mucho. Pensó entonces que los datos eran escasos pero aún así eran un punto de partida, si luego se pudieran sumar más no serían una pérdida de tiempo. Valía la pena examinarlos a detalle. Es así como decidió analizar cada declaración otorgada. La madre se notaba nerviosa al hablar, tartamudeaba. Y se notaba que pretendía acabar con la entrevista lo antes posible. Sus ojos miraban a todos lados y no dejaba de mover las manos. Había altas probabilidades de que mintiera o escondiera algo. El esposo era un tanto frío, escéptico, indiferente. Tenía la mirada perdida, también quería que terminara la entrevista, pero para continuar con sus labores, se notaba que no estaba acostumbrado a tratar con extraños. Posibilidades de que mienta, muy pocas.
La hija fue la más cooperativa, siempre la mirada enfocada en los ojos de Kaome, tranquila, serena, pero triste. Se mostraba muy dispuesta a brindar información. Actitud intrigante, parecía como si tan solo estuviera actuando para no despertar sospechas. Fue ella quien decidió abrir el baúl, pidió ayuda a algunos amigos pues la cerradura estaba trabada. Dijo que lo hizo a escondidas de sus padres. Habían artefactos que deseaba guardar así que decidió abrir el arcón. Pero confesó que la verdadera razón para abrirlo fue la curiosidad de saber qué había adentro y por qué su abuela le contaba esas historias cuando era niña. Esa misma curiosidad se apoderó de Kaome, quien para buscar más pistas regresó en la noche. Se escabulló de su familia y tomó determinación para volver a esa casa donde se había efectuado el crimen. Necesitaba ver el arcón, presentía que ahí estaba la clave para resolver el caso.
Pero grande fue su asombro al volver y descubrir una gran fiesta en la casa. ¡Era una boda! Ella se infiltró. Vio a mucha gente disfrazada. Vestida con máscaras de monstruos y demonios. Pensó que se trataba de una fiesta costumbrista, en muchos pueblos ese tipo de seres son venerados. Creyó que se trataba de una tradición. Pero ¿Qué podían estar festejando? Teniendo en cuenta que el pueblo se encontraba de duelo. Se adentró más en la casa, tenía que llegar al arcón sea como sea. De pronto el ambiente comenzó a hacerse pesado, y el aire era caliente como fuego. El ambiente se tornó con una densa neblina. Pese a esto ella no sintió miedo. Por el contrario le pareció una escena bastante conocida, como si ella ya hubiera vivido este momento antes. Lo que se suele llamar un Déjà vu. Al fin comprendió de que se trataba. Ella recordó su sueño, aquel donde moría, el mismo que la llevaba atormentado semanas. Pero ya era tarde, no podía moverse. Estaba paralizada. Los monstruos y demonios eran los hombres disfrazados, pero esta vez bailaban rodeando a una mujer de blanco, más específicamente, una mujer con traje de novia. La celebración era una boda.
-¡Deténganse! ¡No lo hagan! ¡Por favor! ¡No la maten!
-Ellos no pueden oirla, tampoco pueden verla... Le dije que no se entrometiera, que regresara pronto a su ciudad... que no volviera acá...ahora pagará el precio por no escucharme-Kaome reconoció quien le hablaba, era la madre a la que había entrevistado antes.
-¿Por qué hacen esto? ¿Por qué la van a matar? ¡¡Es solo una joven inocente!!
-Precisamente por eso va a morir, por su inocencia y pureza... no nos atreveríamos a sacrificar algo que no sea digno a la Tuta Mama...Lo que para usted, forastera, es una vulgar fiesta, para nosotros es un culto milenario en honor a la madre Noche. La novia es ofrecida en el altar para aplacar su ira. La Tuta Mama devora a su elegida y así el pueblo goza de su protección
-¡Eso es ridículo! ¡Van a asesinar a una persona por un estúpido ritual!
-No espero que una forastera entienda lo sagrado de nuestras tradiciones...Pero eso ya no importa, al venir aquí ha sellado su destino junto al de ella
Un cuchillo apareció en la mano derecha de Kaome, y comenzó a hundirse en su cuello, al mismo tiempo que la novia avanzaba al altar.
-¡ESCAPA! ¡HUYE! ¡AÚN PUEDES SALVARTE!-Gritó desesperada Kaome
Para su sorpresa esta vez los presentes sí pudieron oírla, y la mujer de blanco también.
Los hombres con disfraces se convirtieron en auténticos monstruos y demonios y fueron a atacarla. La novia aprovechó la distracción para correr. Otro grupo de siniestros seres fue tras ella.
-Corre...escapa... puedes lograrlo...-Insistió Kaome con voz débil.
El suelo se convirtió en un charco de sangre y las fuerzas abandonaron el cuerpo de Kaome. Se desplomó pero aún al borde de la muerte sus ojos permanecían abiertos con la mirada fija, como si pudiera ver por donde corría la novia, como si su mirada le diera fuerza a ella. Los ojos de la mujer de blanco se tornaron celestes como el mar y sus pasos se volvieron más rápidos como los de una gacela.
Finalmente entró a la casa, buscó donde ocultarse, encontró un desván, en el desván un baúl, y se metió ahí deseando fuertemente que jamás la hallasen. Los demonios recorrieron toda la casa, el patio, el lugar de la ceremonia y nada. Buscaron por los alrededores, incluso mucho más lejos del perímetro pero no la encontraron. El único lugar en el que no registraron fue adentro del baúl, y es que nadie tuvo el valor de hacerlo. Pues cuenta la leyenda que aquel baúl esconde aquello que cada uno lleva dentro en su alma.
Sus ojos se cerraron un segundo, solo para volver abrirse un instante después. Un parpadeo, eso era todo, la vida es tan frágil como un abrir y cerrar de ojos. Kaome recuperó a movilidad. A su alrededor no se encuentra a nadie. Ella corrió a la casa y encontró el baúl, se dispuso a abrirlo cuando algo llamó su atención. Había alguien detrás suyo.
-¿Se puede saber qué hace aquí? Me parece que fui muy clara anoche, no se involucre...-Era la madre quien lucía muy molesta. Kaome se asustó mucho, no supo como actuar. Llegó luego la hija y la tomó por el brazo con mucha amabilidad-Retírese por favor, ya hemos pasado por mucho acá...-Kaome no dio marcha atrás.
-Por favor, se lo suplico... márchese...no cambiará nada quedándose... adentro del baúl no hay nada... nunca hubo nada... son todas... viejas leyendas, nada más...-Kaome miró fijamente a los ojos de la hija y vio bondad en ellos. Decidió marcharse e intentar olvidar todo esto. Porque hay historias que simplemente no tienen explicación, y a veces la imaginación disfraza a los sueños de realidad.
Regresó a su casa. Abrazó a su madre, le dio un beso en la mejilla a su padre y corrió a encontrarse con su hermana. Cuando la vio le sonrió con infinita dulzura.
-¿Dónde estabas? ¡Te perdiste la pedida de mano! -interrogó su hermana.
-¿Qué? ¿De qué estás hablando?
-¿No lo sabes? Tu hermana menor se casa-Interrumpió su madre.
Kaome no salía de su asombro. Era algo que no lo había visto venir. Estaba muy sorprendida, no conseguía elaborar palabras.
-Y eso no es todo, la boda la celebraremos aquí mismo-comentó su padre.
Kaome estaba estupefacta por tener tanta información que procesar tan repentinamente. Después de todo lo que había pasado de lo que menos deseaba escuchar era de bodas. Aún así trató de guardar la compostura y se dispuso a felicitar a su hermana, pero ella estaba llorando, Kaome la miró fijamente, las lágrimas hacían parecer sus ojos como el mismo océano.
-Sálvame, por favor, Kaome... Sálvame...solo tú puedes hacerlo...
-Sálvame, por favor, Kaome, sálvame .... solo tú puedes hacerlo...
Le sorprendió sobre manera que supiera su nombre y eso la espantó. Se dio cuenta también que en ese preciso instante pudo comprender lo que decían los demás.
-¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!
Pensó que la petición de ellos estaba relacionada con la de la mujer y todos pedían que la salvara. Pero ella no podía hacerlo, ¿Cómo podría?, ella se encontraba paralizada, le era imposible.
-¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!
Fue entonces cuando su brazo derecho se movió por sí solo. Con terror notó que en su mano tenía un cuchillo y este se ubicó justo sobre su cuello.
-¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!
Ella no tenía control, intentaba detener sus acciones, pero era inútil. El arma comenzó a cortar su piel. Dio un grito de dolor. Y las lágrimas cayeron de sus ojos. Kaome podía sentir como las fuerzas abandonaban su cuerpo mientras el cuchillo se adentraba más y más en su cuello.
-¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!
La sangre había hecho un charco en el suelo, cuando no quedó ni una sola gota más de vida en ella, el cuerpo se desplomó. Todos festejaron dicho acto, bebieron y brindaron por su muerte. Más entre la algarabía aún se podía escuchar un ruego.
-Por favor, no me dejes, Kaome, ¡Sálvame! ... solo tú puedes hacerlo... sálvame... sálvame...¡SÁLVAME!
La joven despertó aterrada, temblaba y una gota de sudor resbalaba por su frente. Había sido una pesadilla. Oscuridad infinita, laberintos, pasillos que no tienen salida, puertas que no llevan a ningún sitio. La mente es así, un enigma, y a veces el subconsciente nos juega una mala pasada. Plasma en la mente nuestros más inquietantes temores. Hace dos semanas que Kaome no puede dormir bien debido a los sueños perturbadores que tiene. Siempre ve lo mismo en ellos. Una fiesta, seres misteriosos, una mujer vestida de blanco, y luego una muerte. Hoy día le tocó a ella misma. Contemplar tu propia muerte no es fácil, aunque solo sea en un sueño. Uno no puede recuperarse tan rápido de ello. Y efectivamente, Kaome no pudo. Aún sentía en el cuello el dolor del cuchillo, como si la herida aún estuviera fresca, pese a que por más que se revisara no encontrara nada. Estaba ilesa. Sin daño alguno en el cuerpo tal vez, pero no en el alma. -Estás sugestionada-pensó para sí mima. Luego se apuró en alistarse. Se le hacía tarde para llegar a su último día de instituto antes de salir de vacaciones.
Kaome es una joven estudiante de periodismo. Todas las mañanas va a clases esperando que algo nuevo ocurra. Algo. Cualquier cosa, pero que sea distinto. De ser posible una aventura, su primer caso, una nota que cubrir. Pero cada día se desilusiona pues todo permanece igual. En un pequeño pueblo al norte de Perú, existe un lugar llamado Machacuy Huasi, en el cual se rinde cultos a las viejas tradiciones. Los habitantes de la zona son gente muy amable y bondadosa. Sin embargo hace unos días esa tranquilidad se vio teñida de tragedia al haber encontrado un cadáver en una de las casas de esa zona. Los padres de Kaome son oriundos de ese pueblo, y dadas las vacaciones del instituto decidieron ir a visitar su tierra. En realidad las vacaciones eran una excusa, la verdadera razón era que el novio de Quira, hermana menor de Kaome, le iba a pedir la mano en matrimonio y había invitado a toda la familia. Tanto Kaome como Quira desconocían esto, pues el novio quería que fuera una sorpresa.
Al llegar se enteraron rápidamente de la tragedia que había ocurrido en el pueblo. Todos se apenaron en gran manera puesto que pese a que no conocían a la víctima, en aquel pueblo todos eran muy unidos. El dolor de uno es el sufrimiento de todos. Las festividades de la pedida de mano se atrasaron. Kaome decidió indagar más sobre el crimen. Pensó que esta podía ser su historia ideal para iniciar su carrera. Estaba muy emocionada, dentro de lo que cabía, teniendo en cuenta que se trataba de una persona muerta. Preguntó, indagó, investigó hasta dar con los involucrados en el caso. No fue difícil hallarlos en un pueblo tan pequeño. No se detuvo hasta dar con el mismo lugar del crimen. La familia de la casa no quiso dar mucha información y se vio un tanto molesta por las preguntas. Pero Kaome no dejaría pasar la oportunidad, esta era su gran nota, su historia, su carta de presentación al mundo periodístico. No la desperdiciaría. Había algo raro en este caso, su instinto se lo advertía. Aparentemente se trataba de una mujer encontrada en un baúl con muchos años ya de descomposición. ¿Qué pudo haber pasado? ¿Por qué le habían hecho eso? ¿Quién fue el culpable? ¿Cómo es que nadie encontró el baúl hasta hoy? Y lo más importante, ¿Cuándo ocurrió todo?, ¿Sería un crímen o un accidente? Si la víctima era una niña cuando esto ocurrió tal vez entró ahí por juego y luego no pudo salir. Para la mañana siguiente solo había conseguido hablar con tres personas de la casa. Una mujer ya anciana, su esposo y su hija de cuarentena años. La madre le contó que ese baúl había estado en su familia por generaciones. Nadie sabía su procedencia específica. Simplemente había sido heredado de padres a hijos. El esposo sabía aún menos. Desde que se casó con su mujer ese viejo arcón había estado en el desván de la casa, pero nunca habían guardado nada en él. La hija dio un poco más de luz a la historia. Pues dijo que desde que nació el baúl siempre había estado en su casa pero que le tenían prohibido acercarse a él. Reveló también que su abuela le contaba cuentos en la que le advertía del peligro de abrir el baúl. Ya que al igual que la caja de Pandora solo podrían salir pesares para la humanidad si lo hacía. La información recabada era poca y ambigua. No serviría para mucho. Pensó entonces que los datos eran escasos pero aún así eran un punto de partida, si luego se pudieran sumar más no serían una pérdida de tiempo. Valía la pena examinarlos a detalle. Es así como decidió analizar cada declaración otorgada. La madre se notaba nerviosa al hablar, tartamudeaba. Y se notaba que pretendía acabar con la entrevista lo antes posible. Sus ojos miraban a todos lados y no dejaba de mover las manos. Había altas probabilidades de que mintiera o escondiera algo. El esposo era un tanto frío, escéptico, indiferente. Tenía la mirada perdida, también quería que terminara la entrevista, pero para continuar con sus labores, se notaba que no estaba acostumbrado a tratar con extraños. Posibilidades de que mienta, muy pocas.
La hija fue la más cooperativa, siempre la mirada enfocada en los ojos de Kaome, tranquila, serena, pero triste. Se mostraba muy dispuesta a brindar información. Actitud intrigante, parecía como si tan solo estuviera actuando para no despertar sospechas. Fue ella quien decidió abrir el baúl, pidió ayuda a algunos amigos pues la cerradura estaba trabada. Dijo que lo hizo a escondidas de sus padres. Habían artefactos que deseaba guardar así que decidió abrir el arcón. Pero confesó que la verdadera razón para abrirlo fue la curiosidad de saber qué había adentro y por qué su abuela le contaba esas historias cuando era niña. Esa misma curiosidad se apoderó de Kaome, quien para buscar más pistas regresó en la noche. Se escabulló de su familia y tomó determinación para volver a esa casa donde se había efectuado el crimen. Necesitaba ver el arcón, presentía que ahí estaba la clave para resolver el caso.
Pero grande fue su asombro al volver y descubrir una gran fiesta en la casa. ¡Era una boda! Ella se infiltró. Vio a mucha gente disfrazada. Vestida con máscaras de monstruos y demonios. Pensó que se trataba de una fiesta costumbrista, en muchos pueblos ese tipo de seres son venerados. Creyó que se trataba de una tradición. Pero ¿Qué podían estar festejando? Teniendo en cuenta que el pueblo se encontraba de duelo. Se adentró más en la casa, tenía que llegar al arcón sea como sea. De pronto el ambiente comenzó a hacerse pesado, y el aire era caliente como fuego. El ambiente se tornó con una densa neblina. Pese a esto ella no sintió miedo. Por el contrario le pareció una escena bastante conocida, como si ella ya hubiera vivido este momento antes. Lo que se suele llamar un Déjà vu. Al fin comprendió de que se trataba. Ella recordó su sueño, aquel donde moría, el mismo que la llevaba atormentado semanas. Pero ya era tarde, no podía moverse. Estaba paralizada. Los monstruos y demonios eran los hombres disfrazados, pero esta vez bailaban rodeando a una mujer de blanco, más específicamente, una mujer con traje de novia. La celebración era una boda.
-¡Deténganse! ¡No lo hagan! ¡Por favor! ¡No la maten!
-Ellos no pueden oirla, tampoco pueden verla... Le dije que no se entrometiera, que regresara pronto a su ciudad... que no volviera acá...ahora pagará el precio por no escucharme-Kaome reconoció quien le hablaba, era la madre a la que había entrevistado antes.
-¿Por qué hacen esto? ¿Por qué la van a matar? ¡¡Es solo una joven inocente!!
-Precisamente por eso va a morir, por su inocencia y pureza... no nos atreveríamos a sacrificar algo que no sea digno a la Tuta Mama...Lo que para usted, forastera, es una vulgar fiesta, para nosotros es un culto milenario en honor a la madre Noche. La novia es ofrecida en el altar para aplacar su ira. La Tuta Mama devora a su elegida y así el pueblo goza de su protección
-¡Eso es ridículo! ¡Van a asesinar a una persona por un estúpido ritual!
-No espero que una forastera entienda lo sagrado de nuestras tradiciones...Pero eso ya no importa, al venir aquí ha sellado su destino junto al de ella
Un cuchillo apareció en la mano derecha de Kaome, y comenzó a hundirse en su cuello, al mismo tiempo que la novia avanzaba al altar.
-¡ESCAPA! ¡HUYE! ¡AÚN PUEDES SALVARTE!-Gritó desesperada Kaome
Para su sorpresa esta vez los presentes sí pudieron oírla, y la mujer de blanco también.
Los hombres con disfraces se convirtieron en auténticos monstruos y demonios y fueron a atacarla. La novia aprovechó la distracción para correr. Otro grupo de siniestros seres fue tras ella.
-Corre...escapa... puedes lograrlo...-Insistió Kaome con voz débil.
El suelo se convirtió en un charco de sangre y las fuerzas abandonaron el cuerpo de Kaome. Se desplomó pero aún al borde de la muerte sus ojos permanecían abiertos con la mirada fija, como si pudiera ver por donde corría la novia, como si su mirada le diera fuerza a ella. Los ojos de la mujer de blanco se tornaron celestes como el mar y sus pasos se volvieron más rápidos como los de una gacela.
Finalmente entró a la casa, buscó donde ocultarse, encontró un desván, en el desván un baúl, y se metió ahí deseando fuertemente que jamás la hallasen. Los demonios recorrieron toda la casa, el patio, el lugar de la ceremonia y nada. Buscaron por los alrededores, incluso mucho más lejos del perímetro pero no la encontraron. El único lugar en el que no registraron fue adentro del baúl, y es que nadie tuvo el valor de hacerlo. Pues cuenta la leyenda que aquel baúl esconde aquello que cada uno lleva dentro en su alma.
Sus ojos se cerraron un segundo, solo para volver abrirse un instante después. Un parpadeo, eso era todo, la vida es tan frágil como un abrir y cerrar de ojos. Kaome recuperó a movilidad. A su alrededor no se encuentra a nadie. Ella corrió a la casa y encontró el baúl, se dispuso a abrirlo cuando algo llamó su atención. Había alguien detrás suyo.
-¿Se puede saber qué hace aquí? Me parece que fui muy clara anoche, no se involucre...-Era la madre quien lucía muy molesta. Kaome se asustó mucho, no supo como actuar. Llegó luego la hija y la tomó por el brazo con mucha amabilidad-Retírese por favor, ya hemos pasado por mucho acá...-Kaome no dio marcha atrás.
-Por favor, se lo suplico... márchese...no cambiará nada quedándose... adentro del baúl no hay nada... nunca hubo nada... son todas... viejas leyendas, nada más...-Kaome miró fijamente a los ojos de la hija y vio bondad en ellos. Decidió marcharse e intentar olvidar todo esto. Porque hay historias que simplemente no tienen explicación, y a veces la imaginación disfraza a los sueños de realidad.
Regresó a su casa. Abrazó a su madre, le dio un beso en la mejilla a su padre y corrió a encontrarse con su hermana. Cuando la vio le sonrió con infinita dulzura.
-¿Dónde estabas? ¡Te perdiste la pedida de mano! -interrogó su hermana.
-¿Qué? ¿De qué estás hablando?
-¿No lo sabes? Tu hermana menor se casa-Interrumpió su madre.
Kaome no salía de su asombro. Era algo que no lo había visto venir. Estaba muy sorprendida, no conseguía elaborar palabras.
-Y eso no es todo, la boda la celebraremos aquí mismo-comentó su padre.
Kaome estaba estupefacta por tener tanta información que procesar tan repentinamente. Después de todo lo que había pasado de lo que menos deseaba escuchar era de bodas. Aún así trató de guardar la compostura y se dispuso a felicitar a su hermana, pero ella estaba llorando, Kaome la miró fijamente, las lágrimas hacían parecer sus ojos como el mismo océano.
-Sálvame, por favor, Kaome... Sálvame...solo tú puedes hacerlo...