La puerta del patio entreabierta,
que dibuja un haz de luz sobre la pared.
La puerta blanca de la nevera,
complice silenciosa de nuestros encuentros.
La cocina entera
envuelta en un aura de misterio.
Un silencio celestial
que rompían solo nuestros gemidos.
La respiración rápida, exaltada.
Los latidos tan fuertes que se hacían audibles.
Las largas caricias compartidas.
Me detengo en la puerta
y aún puedo sentir tus manos, como aquella primera vez.
El silencio ahora se torna lúgubre para mi.
Tu respiración ahora lejana
ya no llenará más este espacio.
Te llevaste el calor
que hacía cálido este cuarto.
La cocina,
cómplice fiel de nuestros encuentros,
se ha tornado de pronto tan gris....
Y la puerta blanca,
que sostuvo nuestros besos,
languidece ahora,
pálida, desnuda, inherte, fria...
El haz de luz desapareció, ya ha oscurecido,
y aún sigo contemplando la pared.
que dibuja un haz de luz sobre la pared.
La puerta blanca de la nevera,
complice silenciosa de nuestros encuentros.
La cocina entera
envuelta en un aura de misterio.
Un silencio celestial
que rompían solo nuestros gemidos.
La respiración rápida, exaltada.
Los latidos tan fuertes que se hacían audibles.
Las largas caricias compartidas.
Me detengo en la puerta
y aún puedo sentir tus manos, como aquella primera vez.
El silencio ahora se torna lúgubre para mi.
Tu respiración ahora lejana
ya no llenará más este espacio.
Te llevaste el calor
que hacía cálido este cuarto.
La cocina,
cómplice fiel de nuestros encuentros,
se ha tornado de pronto tan gris....
Y la puerta blanca,
que sostuvo nuestros besos,
languidece ahora,
pálida, desnuda, inherte, fria...
El haz de luz desapareció, ya ha oscurecido,
y aún sigo contemplando la pared.