Alfredo Munoz
Poeta recién llegado
Recostado he ingrávido
En un instante pretérito
-qué engreído juega a ser eterno-
Me reencuentro con aquella que fue
Verdad. Mía.
Reencarnada ahora, -al vislumbrar
La avidez de tu contento-, en mi caricia.
Y te miro dispuesta, mujer. Mística
En tu fulgurante alegría.
Recostada ¡Hembra todopoderosa!
-Con tu inmutable intención-
En tu metamorfosis de diosa.
¡Me absorbiste en el almirez de tu universo!
No te asemejas tú, a nadie.
Y nada, se refleja ya, en el ávido
Espejo de mi ilusión; si no es tu cuerpo.
En el, el tostado nácar de tu piel
Ávida, dispuesta, exhuma la mística,
Y creadora energía del Universo
Que por tus ojos se disuelve satisfecha
Hecha néctar. Delirante y vespertina luz. Sol
Resplandeciente y ansiosa llama de añoranzas
Y ternuras. ¡Tul!, de Luna crepuscular.
Compendio y preludio de ensueños sus reflejos.
No aciertan los ingrávidos juglares
De los cielos, a conjugar, en canto,
La mística ternura de tu encanto.
Y yo, como ellos, me enajeno
Para galopar a la grupa de un Pegaso
-por tus ansias espoleado-
Tratando de retardar el instante
Que inexorable procurará tras tu evasión-
Mí monocromo reencuentro con la nada.
Solo el éter me ofrece -en tu ausencia-
Un tímido atisbo al jubiloso colorido
Que nuestro anhelo, acumuló en su santuario:
¡El mágico conjuro de tus besos!
En un instante pretérito
-qué engreído juega a ser eterno-
Me reencuentro con aquella que fue
Verdad. Mía.
Reencarnada ahora, -al vislumbrar
La avidez de tu contento-, en mi caricia.
Y te miro dispuesta, mujer. Mística
En tu fulgurante alegría.
Recostada ¡Hembra todopoderosa!
-Con tu inmutable intención-
En tu metamorfosis de diosa.
¡Me absorbiste en el almirez de tu universo!
No te asemejas tú, a nadie.
Y nada, se refleja ya, en el ávido
Espejo de mi ilusión; si no es tu cuerpo.
En el, el tostado nácar de tu piel
Ávida, dispuesta, exhuma la mística,
Y creadora energía del Universo
Que por tus ojos se disuelve satisfecha
Hecha néctar. Delirante y vespertina luz. Sol
Resplandeciente y ansiosa llama de añoranzas
Y ternuras. ¡Tul!, de Luna crepuscular.
Compendio y preludio de ensueños sus reflejos.
No aciertan los ingrávidos juglares
De los cielos, a conjugar, en canto,
La mística ternura de tu encanto.
Y yo, como ellos, me enajeno
Para galopar a la grupa de un Pegaso
-por tus ansias espoleado-
Tratando de retardar el instante
Que inexorable procurará tras tu evasión-
Mí monocromo reencuentro con la nada.
Solo el éter me ofrece -en tu ausencia-
Un tímido atisbo al jubiloso colorido
Que nuestro anhelo, acumuló en su santuario:
¡El mágico conjuro de tus besos!