Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el parque cercano a mi casa se ha aposentado el invierno. Las ramas de los cerezos, se han desvestido esperando la poda y los sauces presentan caídas sus largas ramas de hojas lacias que amarillean.
Cada mañana la escarcha pinta de blanco todas las briznas de hierba y en el estanque grande, junto a los juncos, buscan los patos refugio.
Por la noche la luz mortecina de las farolas del paseo dan un toque de misterio a los caminos del parque.
Mas, esta mañana, he visto cómo el magnolio reverdecía sus hojas. Se volvían tersas, brillantes, como recién formadas, hojas nuevas llenas de vida. Me acerqué hasta el tronco y pude descubrir una joven pareja que se daba palabras de amor selladas con un beso.
¿Será acaso que el amor reverdece la vida?
Y me he ido alejando alegre y en silencio.
Cada mañana la escarcha pinta de blanco todas las briznas de hierba y en el estanque grande, junto a los juncos, buscan los patos refugio.
Por la noche la luz mortecina de las farolas del paseo dan un toque de misterio a los caminos del parque.
Mas, esta mañana, he visto cómo el magnolio reverdecía sus hojas. Se volvían tersas, brillantes, como recién formadas, hojas nuevas llenas de vida. Me acerqué hasta el tronco y pude descubrir una joven pareja que se daba palabras de amor selladas con un beso.
¿Será acaso que el amor reverdece la vida?
Y me he ido alejando alegre y en silencio.