El maratonista

Arturo Parnaso

Poeta recién llegado
Salió de casa temprano en la mañana.

Se sentía feliz.
Un buen desayuno y un baño caliente.
Se sentía resplandeciente.
El jogging combinando en color y diseño con el buzo
daba a entender que se disponía a correr.
Se sentía encender.
Alcanzado el parque se detuvo bajo un álamo para
cubrirse de sombras y movimientos ridículos hacer.
Se sentía florecer.
Una hora de ejercicios y una botella de agua a medio tomar,
desafiaban a continuar la carrera, así la ciudad, lo más pronto retomar.
Se sentía centellear.
Internado en las calles de la ciudad
corría y corría; sin parar y sin parar.
Se sentía fulgurar.
Los más atentos volteaban para ver
al maratonista cuya rapidez le borraba los pies.
Se sentía Ardenés.
De repente, desde un colectivo un grito anónimo:
“¿Hacia dónde corrés?; ¿Hacia dónde corrés?”
Se sentía al revés.
Súbitamente se detuvo.
La cara le temblaba y emitía gestos duros.
Se sentía oscuro.
Cayó de rodillas al suelo
como derrumbado por dentro.
Se sentía descontento.
Lloró sin aviso, en un desliz.
Se sentía infeliz.

Volvió a casa tarde en la noche.


Espero que a alguien le guste. Gracias​
 
Me encanto tu poema maratoniano. Y yo me pregunto...¿Fueron los extraños que le contemplaban los que sacaron a tan feliz corredor de su dicha? Me gustó leerte, ¡Te "estrellifico" y te mando un saludo!
 
Última edición:
Salió de casa temprano en la mañana.

Se sentía feliz.
Un buen desayuno y un baño caliente.
Se sentía resplandeciente.
El jogging combinando en color y diseño con el buzo
daba a entender que se disponía a correr.
Se sentía encender.
Alcanzado el parque se detuvo bajo un álamo para
cubrirse de sombras y movimientos ridículos hacer.
Se sentía florecer.
Una hora de ejercicios y una botella de agua a medio tomar,
desafiaban a continuar la carrera, así la ciudad, lo más pronto retomar.
Se sentía centellear.
Internado en las calles de la ciudad
corría y corría; sin parar y sin parar.
Se sentía fulgurar.
Los más atentos volteaban para ver
al maratonista cuya rapidez le borraba los pies.
Se sentía Ardenés.
De repente, desde un colectivo un grito anónimo:
“¿Hacia dónde corrés?; ¿Hacia dónde corrés?”
Se sentía al revés.
Súbitamente se detuvo.
La cara le temblaba y emitía gestos duros.
Se sentía oscuro.
Cayó de rodillas al suelo
como derrumbado por dentro.
Se sentía descontento.
Lloró sin aviso, en un desliz.
Se sentía infeliz.

Volvió a casa tarde en la noche.


Espero que a alguien le guste. Gracias​
Recorido vital, como una huida para detenerse en
un recorrido sin fin. derrumbado vida en cadencia
para el descontento de la necesidad. bellisimo y profundo.
luzyabsenta
 

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