agathos
Poeta recién llegado
En los días de hastío que ahuyenta esta primavera
Llena de escarcha,
En los amaneceres soleados donde se escucha
Una soprano lejana;
Lejanía de soledad en algún rincón buscado de la conciencia,
O algo que pensar y decir de este acercamiento del infierno,
Frió, tenue y tenebroso hasta la cacofonía.
Mi verso se arrebuja en la estructura de la letra sangrienta,
Me repele el designio de su hemorragia,
Me ahogo en su hemorragia.
Me dais a beber miedo vida mía,
Me dais amor
De aquel engendro viciado de nostalgia,
Y helos en el vicio del drama ahora.
La muerte canta por nosotros
En este acto que carece de pureza y felicidad,
En esta tragedia que ya no hay sinuosidad de su fin,
Y donde la ternura afila sus colmillos calladamente.
Nos buscamos entre los pasillos de este gran teatro,
Es triste que ya no transitemos por el corredor principal,
Algo salio mal en toda la escena,
Sentimos miedo.
Ahora te busco en la gran edificación de esta obra,
Transitamos mudos,
Nos reencontramos en el corredor,
Y reconocemos mirando alrededor
Que esta opera no carece de ningún fantasma:
Nosotros,
Llena de escarcha,
En los amaneceres soleados donde se escucha
Una soprano lejana;
Lejanía de soledad en algún rincón buscado de la conciencia,
O algo que pensar y decir de este acercamiento del infierno,
Frió, tenue y tenebroso hasta la cacofonía.
Mi verso se arrebuja en la estructura de la letra sangrienta,
Me repele el designio de su hemorragia,
Me ahogo en su hemorragia.
Me dais a beber miedo vida mía,
Me dais amor
De aquel engendro viciado de nostalgia,
Y helos en el vicio del drama ahora.
La muerte canta por nosotros
En este acto que carece de pureza y felicidad,
En esta tragedia que ya no hay sinuosidad de su fin,
Y donde la ternura afila sus colmillos calladamente.
Nos buscamos entre los pasillos de este gran teatro,
Es triste que ya no transitemos por el corredor principal,
Algo salio mal en toda la escena,
Sentimos miedo.
Ahora te busco en la gran edificación de esta obra,
Transitamos mudos,
Nos reencontramos en el corredor,
Y reconocemos mirando alrededor
Que esta opera no carece de ningún fantasma:
Nosotros,
Y aquel gran espanto que juega con nosotros y nuestra pena:
El miedo.