Estaba fastidiado aquel joven con mirada de arroz. Había emprendido ya hace años un viaje a Centro Europa y había vuelto todo un misántropo. Se encerraba por el día en su choza de paja, de donde la gente oía como una especie de cánticos clamorosos. Aquella comenzó a creer en lo peor. Que era un secuaz de las enseñanzas de Satanás. Por la noche, un policía lo había visto merodear con una pala por el vetusto cementerio de la villa. Pero cuando aquel nigromante observaba la llegada de un llameante farol escapaba como un vil zorro. Entonces, la población decidió tomar cartas en el asunto. Se reunieron en el ayuntamiento los representantes del pueblo con las autoridades para una orden de arresto de aquel inmundo ser. La consiguieron y, un buen día por la mañana, entraron por la fuerza en la casa embrujada, encontrándose para su espanto con todo un esqueleto gris.
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