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El momento del vicio

aurigae

Poeta recién llegado
El vicio del deseo resulta inevitable
en mi necesaria búsqueda.

El vicio no es un vicio,
sino una costumbre que nos satisface,
nos llena, hasta a veces rehace.
Conlleva un equilibrio, un balance,
la necesidad innata manipulada
casi al desastre.
La necesidad de buscar
un estado mejor,
condiciona nuestro instante.

Las calles nos buscan,
el movimiento se ha parado,
los pasos no suenan;
persiguen la posibilidad
de estar bien sin querer estarlo.

La ciudad se ha reencarnado en tus ojos,
que no quieren ni mirarme;
porque mi reflejo no cabe
en espejos de límites estrechos
ni en miradas hechizantes.

Me robas hasta lo que no tengo,
y nunca marchas contento,
me enciendes lo que no entiendes
mientras comprendes el momento.
 
Última edición:
El vicio del deseo resulta nevitable
en mi necesaria búsqueda.

El vicio no es un vicio,
sino una costumbre que nos satisface,
nos llena, hasta a veces rehace.
Conlleva un equilibrio, un balance,
la necesidad innata manipulada
casi al desastre.
La necesidad de buscar
un estado mejor,
condiciona nuestro instante.

Las calles nos buscan,
el movimiento se ha parado,
los pasos no suenan;
persiguen la posibilidad
de estar bien sin querer estarlo.

La ciudad se ha reencarnado en tus ojos,
que no quieren ni mirarme;
porque mi reflejo no cabe
en espejos de límites estrechos
ni en miradas hechizantes.

Me robas hasta lo que no tengo,
y nunca marchas contento,
me enciendes lo que no entiendes
mientras comprendes el momento.

Hay una "i" que se la comió el teclado al transcribir tan sublime confesión, y es apenas en primerísimo primer verso, para que nos diga "inevitable" ;)

Sublime tu confesión; el deseo no es lo mismo para todos!!!!

Saludos!!!
 
El vicio del deseo resulta nevitable
en mi necesaria búsqueda.

El vicio no es un vicio,
sino una costumbre que nos satisface,
nos llena, hasta a veces rehace.
Conlleva un equilibrio, un balance,
la necesidad innata manipulada
casi al desastre.
La necesidad de buscar
un estado mejor,
condiciona nuestro instante.

Las calles nos buscan,
el movimiento se ha parado,
los pasos no suenan;
persiguen la posibilidad
de estar bien sin querer estarlo.

La ciudad se ha reencarnado en tus ojos,
que no quieren ni mirarme;
porque mi reflejo no cabe
en espejos de límites estrechos
ni en miradas hechizantes.

Me robas hasta lo que no tengo,
y nunca marchas contento,
me enciendes lo que no entiendes
mientras comprendes el momento.
Unos versos mezcla de seducción
y amor.
Cautivadores y provocadores incluso.
Me gustó leerte.
 

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