aurigae
Poeta recién llegado
El vicio del deseo resulta inevitable
en mi necesaria búsqueda.
El vicio no es un vicio,
sino una costumbre que nos satisface,
nos llena, hasta a veces rehace.
Conlleva un equilibrio, un balance,
la necesidad innata manipulada
casi al desastre.
La necesidad de buscar
un estado mejor,
condiciona nuestro instante.
Las calles nos buscan,
el movimiento se ha parado,
los pasos no suenan;
persiguen la posibilidad
de estar bien sin querer estarlo.
La ciudad se ha reencarnado en tus ojos,
que no quieren ni mirarme;
porque mi reflejo no cabe
en espejos de límites estrechos
ni en miradas hechizantes.
Me robas hasta lo que no tengo,
y nunca marchas contento,
me enciendes lo que no entiendes
mientras comprendes el momento.
en mi necesaria búsqueda.
El vicio no es un vicio,
sino una costumbre que nos satisface,
nos llena, hasta a veces rehace.
Conlleva un equilibrio, un balance,
la necesidad innata manipulada
casi al desastre.
La necesidad de buscar
un estado mejor,
condiciona nuestro instante.
Las calles nos buscan,
el movimiento se ha parado,
los pasos no suenan;
persiguen la posibilidad
de estar bien sin querer estarlo.
La ciudad se ha reencarnado en tus ojos,
que no quieren ni mirarme;
porque mi reflejo no cabe
en espejos de límites estrechos
ni en miradas hechizantes.
Me robas hasta lo que no tengo,
y nunca marchas contento,
me enciendes lo que no entiendes
mientras comprendes el momento.
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