En el firmamento clareado por la alborada sagaz de la luna llena,se pueden leer los pensamientos secretos de las fugaces estrellas;hilvanadas por el hilo malévolo de la negra muerte.Bajo ella,un muchacho escuálido y mudo observa cómo un aluvión de cornejas picotean en tierra firme el cadáver húmedo de un cordero blanco.Se acerca hasta allí,y espanta a tales pájaros para luego hundir sus dedos en las entrañas para él cálidas del mamífero muerto.Prepara una pira de leños no muy lejos del bosque encantado y,troceando con un cuchillo de hielo filo las carnes magras las coloca en la ya hoguera de diabólico fuego;observa cómo el humo gris escapa hacia las alturas siderales,mientras cae en un somnífero sueño secular por el olor ponzoñoso que las miasmas provocan en sus nervios nasales que se comunican con su atroz cerebro de siervo.
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