Rolando Kindelan Nuñez
Poeta fiel al portal
-dí que no, al maltrato de la mujer-
Hubo un niño que veía
con los ojos de tristeza,
con las manos vedadas de inocencia
que su madre otro rostro poseía:
un rostro de miedo, melancólico y sufrido.
Y su padre, que en lugar de a padre olia
a alcohol, a cigarros o a cerveza...
no atinaba, no veía, no escuchaba,
creíase de boxeo en olimpiadas
tomando a la mujer por saco.
El muchacho por su instinto dominado
sustraer intentaba a su madre de tanto daño,
y la sustrajo, por momentos, pero no
pudo evitar de su padre manotazos,
el hombre al fin cejó en su empeño...
el niño corrió, buscó a la policía
que pudieron extirpar de casa ese tumor humano.
Nunca más el niño supo de su padre
pero esa imagen en su vida se impregnó
de forma tal, que ya mayor jamás su mano
violentamente dirigió a mujer alguna.
Hubo un niño que veía
con los ojos de tristeza,
con las manos vedadas de inocencia
que su madre otro rostro poseía:
un rostro de miedo, melancólico y sufrido.
Y su padre, que en lugar de a padre olia
a alcohol, a cigarros o a cerveza...
no atinaba, no veía, no escuchaba,
creíase de boxeo en olimpiadas
tomando a la mujer por saco.
El muchacho por su instinto dominado
sustraer intentaba a su madre de tanto daño,
y la sustrajo, por momentos, pero no
pudo evitar de su padre manotazos,
el hombre al fin cejó en su empeño...
el niño corrió, buscó a la policía
que pudieron extirpar de casa ese tumor humano.
Nunca más el niño supo de su padre
pero esa imagen en su vida se impregnó
de forma tal, que ya mayor jamás su mano
violentamente dirigió a mujer alguna.