esthergranados
Poeta adicto al portal
Descubro en el horizonte,
justo en el punto
en el que se unen el mar y el cielo,
una señal.
Me gusta mirar el ir y venir de las olas,
pero ese vestigio me perturba.
De pronto siento frío.
Busco el azul intenso que tenía ese cielo
y ya no está.
La tormenta se cierne sobre la playa.
Una oscuridad implacable se instala
y rompe el sosiego que necesitan mis ojos,
ahora asustados y sorprendidos.
Un mal presagio me hace mirar más cerca,
hacia el borde del mar,
allí donde la arena ha recibido a su pequeño cuerpo,
que llegó envuelto en espuma,
empujado por la fiereza de las olas.
Quisiera abrazarle,
susurrarle al oído canciones infantiles
y palabras de consuelo y de amor, pero está muerto.
El viento huracanado trae llantos lastimeros
y malos augurios.
El mar ruge. La tierra sangra.
Un niño ha muerto. Muerto como tantos otros niños.
Muerto sin sentido. Muerto.
justo en el punto
en el que se unen el mar y el cielo,
una señal.
Me gusta mirar el ir y venir de las olas,
pero ese vestigio me perturba.
De pronto siento frío.
Busco el azul intenso que tenía ese cielo
y ya no está.
La tormenta se cierne sobre la playa.
Una oscuridad implacable se instala
y rompe el sosiego que necesitan mis ojos,
ahora asustados y sorprendidos.
Un mal presagio me hace mirar más cerca,
hacia el borde del mar,
allí donde la arena ha recibido a su pequeño cuerpo,
que llegó envuelto en espuma,
empujado por la fiereza de las olas.
Quisiera abrazarle,
susurrarle al oído canciones infantiles
y palabras de consuelo y de amor, pero está muerto.
El viento huracanado trae llantos lastimeros
y malos augurios.
El mar ruge. La tierra sangra.
Un niño ha muerto. Muerto como tantos otros niños.
Muerto sin sentido. Muerto.