Jcmch
Poeta veterano en el portal.
Felicidad, con la luz de tus viejos donaires.
La musa y el cuarteto se han mezclado en el cenit.
Las horas marcadas por un vaivén infrarrojo.
El sol se oculta cual esfera de amatista durmiente.
Bajo los cielos calidos de Munich...
sobre el suave candor de Dortmund...
y los serenos bosques de Leipzig
amor, tu inspiración se agota.
La tarde se cunde mágica y vibrante,
dulce como las aguas de tu vientre...
y el sereno frígido del ocaso en tus cabellos.
El suelo que pisas muere ahogado de insolencia.
Bésame...bajo estas nieblas germánicas...
donde el ciego se levanto de una mirada...
donde la música vibro en sordos oídos...
donde la muerte se vistió de verde y esperanza.
Dame tu aroma, de coral enrarecido...
con el toque amargo que tus manos ciernen.
Tu cuerpo dominado se llevo las cenizas
del fuego matinal, bajo mi guardia.
Entrégate, en las espumas del río del Oro.
Vístete de fragancia heroica...
que tu belleza se esparce en los Alpes cual luz de luna.
Date un dolor, con ansia impetuosa.
Yo soy tu señor feudal...tu alférez de alegría.
Soy el que te brinda el suave cobijo cuando duermes.
Soy el que acaricia tu frente en mi regazo.
Soy yo el que te ama.
En tierras de dioses y hombres enrarecidos.
Dame tu mano y tu semblante,
para llevarte entre mis brazos al ocaso alemán.
La musa y el cuarteto se han mezclado en el cenit.
Las horas marcadas por un vaivén infrarrojo.
El sol se oculta cual esfera de amatista durmiente.
Bajo los cielos calidos de Munich...
sobre el suave candor de Dortmund...
y los serenos bosques de Leipzig
amor, tu inspiración se agota.
La tarde se cunde mágica y vibrante,
dulce como las aguas de tu vientre...
y el sereno frígido del ocaso en tus cabellos.
El suelo que pisas muere ahogado de insolencia.
Bésame...bajo estas nieblas germánicas...
donde el ciego se levanto de una mirada...
donde la música vibro en sordos oídos...
donde la muerte se vistió de verde y esperanza.
Dame tu aroma, de coral enrarecido...
con el toque amargo que tus manos ciernen.
Tu cuerpo dominado se llevo las cenizas
del fuego matinal, bajo mi guardia.
Entrégate, en las espumas del río del Oro.
Vístete de fragancia heroica...
que tu belleza se esparce en los Alpes cual luz de luna.
Date un dolor, con ansia impetuosa.
Yo soy tu señor feudal...tu alférez de alegría.
Soy el que te brinda el suave cobijo cuando duermes.
Soy el que acaricia tu frente en mi regazo.
Soy yo el que te ama.
En tierras de dioses y hombres enrarecidos.
Dame tu mano y tu semblante,
para llevarte entre mis brazos al ocaso alemán.