j. rafael garcia balcazar
Poeta adicto al portal
Sol de la existencia rueda, luna oscura mi trascendencia
tú, mi única lumbrera
abandóname desvío del increíble sino mío
que en la esencia del ser, sin ser ya eras
o arrástrame al abismo de lo efímero
haciéndome gozar, un interminable segundo en tí
en que soy yo mismo...mi poesía que eres tú
astral hoguera por encender y alumbrar, delirantes deseos-vida
nocturna perla por transformar menguante eterno, mi fuego helado
¡tu astronómica y lacta vía!, esa pálida faz de poetiza
tan famosa y a la vez desconocida
¡oh, negros candiles!, adornen aquel lecho enamorado
luciérnagas celestes, marquen mi estacional y emotiva riada
¡vera mi camino, al resucitar, florescan de amor las ilusiones!
imberbe alma adolescente, en el parrafado de jardines
impávido calor ahogue el frenesí del alucinado estío
cuando la juventud imponga la entrega y el instinto-anhelo
el equinoccio sosegue impulsos, de condición humana hijos
madurez, emociones-hojas, e ideas-frutos
otoño alfombrante de poesías
que dispersas, eólicas
den a conocer tu alegría...
mi melancolía
el anciano yerto en su momento
haga coincidir su corona fría
con la vejes apacible, espera de la eternidad solera
que sutilmente se acerca
y separa de la lunar materia
¡pero nos desposa, con la infinita inmensidad de las estrellas!
crepusculármente, finaliza el cuarto día.
tú, mi única lumbrera
abandóname desvío del increíble sino mío
que en la esencia del ser, sin ser ya eras
o arrástrame al abismo de lo efímero
haciéndome gozar, un interminable segundo en tí
en que soy yo mismo...mi poesía que eres tú
astral hoguera por encender y alumbrar, delirantes deseos-vida
nocturna perla por transformar menguante eterno, mi fuego helado
¡tu astronómica y lacta vía!, esa pálida faz de poetiza
tan famosa y a la vez desconocida
¡oh, negros candiles!, adornen aquel lecho enamorado
luciérnagas celestes, marquen mi estacional y emotiva riada
¡vera mi camino, al resucitar, florescan de amor las ilusiones!
imberbe alma adolescente, en el parrafado de jardines
impávido calor ahogue el frenesí del alucinado estío
cuando la juventud imponga la entrega y el instinto-anhelo
el equinoccio sosegue impulsos, de condición humana hijos
madurez, emociones-hojas, e ideas-frutos
otoño alfombrante de poesías
que dispersas, eólicas
den a conocer tu alegría...
mi melancolía
el anciano yerto en su momento
haga coincidir su corona fría
con la vejes apacible, espera de la eternidad solera
que sutilmente se acerca
y separa de la lunar materia
¡pero nos desposa, con la infinita inmensidad de las estrellas!
crepusculármente, finaliza el cuarto día.