El olvido

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
El olvido es un niño que tiene la mala costumbre
de llorar cada vez que tenga hambre
y lo peor, en mi caso, es que le hace falta
tener cerca una madre.
Sus gritos me despiertan por la noche
a horas cuando uno no quiere saber de si mismo
y entonces pongo a hervir mi memoria para alimentarlo
y hierve y hierve, hasta quedar espesa de recuerdos.
Pero el no quiere comer eso, el quiere comer de mi futuro
lo mas fresco, lo mas puro, los deseos de volver a verte.
La única manera de hacerlo callar es sacarlo a pasear
por la calle que nos lleva al cementerio,
probarle que no hay futuro si no quiero que haya.
Aveces nos sentimos bien juntos, sobre todo
cuando le dejo jugar con tus fotos, romperlas,
mezclaras y después yo buscando cada trocito
para reconstruir una sonrisa,
una mirada, un beso, un abrazo.
Si no estoy atento, me las tira al fuego,
tengo las manos quemadas por intentar sacarlas
y con estas manos, que nunca se rinden
mientras tengan carne pegada a los huesos,
te abrasaría, si volvieras a cuidar de ese niño
que, con tu ausencia no crece y me agota.
 
Gracias, hombre, por leer varios de mis poemas, llenaste la sala de espera de esta estación temporal adonde mi alma empiezo hablarle al viento, hasta que tu llegaste y le dijiste que lo escuchas.
 
Excelente forma de retratar al olvido, como a un niño. Quizas cuanto más atendamos al olvido, más caprichoso será su carácter. Ha sido un placer leer tu extraordinario y bello poema.

Saludos
 
Precioso poema, admiro tu espíritu de lucha, porque los derrotistas nunca ganan, que Dios te bendiga. Un fuerte abrazo.
 

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