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El pecho del hombre-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay un hueco sonoro,

un pecho calcinado, una

serpiente invectiva, una

escarcha de ciudad definitiva.

Hay un orificio impenetrable,

de rosas condenadas al ostracismo,

de vértices sentimentales anudados,

de columnas dóricas sin honestidades.

Hay un eje partido, de un relámpago

sucesivo, de luz intangible, que origina

un cansancio de pieles adormecidas.

Hay un calor incesante de pleamares

irrecuperables, de sombríos guetos,

de mármoles insaciables permitiendo

el golpe de océanos sobre el vientre.

Hay un hombre en la mitad de la tierra,

conquistando su zona de asedio, pájaros

y aves, de un azul esparcido y entrañable.

Hay una mujer sobre la superficie cálida,

de otoño o de diciembre, aplazando el beso

que rectifica y hunde sus dientes en la bruma.

©
 
Hay un hueco sonoro,

un pecho calcinado, una

serpiente invectiva, una

escarcha de ciudad definitiva.

Hay un orificio impenetrable,

de rosas condenadas al ostracismo,

de vértices sentimentales anudados,

de columnas dóricas sin honestidades.

Hay un eje partido, de un relámpago

sucesivo, de luz intangible, que origina

un cansancio de pieles adormecidas.

Hay un calor incesante de pleamares

irrecuperables, de sombríos guetos,

de mármoles insaciables permitiendo

el golpe de océanos sobre el vientre.

Hay un hombre en la mitad de la tierra,

conquistando su zona de asedio, pájaros

y aves, de un azul esparcido y entrañable.

Hay una mujer sobre la superficie cálida,

de otoño o de diciembre, aplazando el beso

que rectifica y hunde sus dientes en la bruma.

©
Contemplar en esa vision al hombre y la mujer entre los dientes de oceaño que
analiza el susurro de las bondades vitales. me gusto. saludos amables de luzyabsenta
 

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