El perro

Bartleby - el alegre

Poeta recién llegado
El perro

Lloré, puse mis manos sobre mis sienes
y dije maldita eres, y lloré,
así como baboso, imberbe de lo que es el amor,
idiota, como siempre pero más,
y él estuvo ahí,
fui a un entierro, fui a otro,
y acumulando penas, él sigue ahí,
con su hocico húmedo y su hambre incontrolable,
de restos de pollo a la brasa
y en muchos casos a la mitad,
viéndome, conversándome cuando quiere,
no como en el caso de mi viejo,
que cuando vivo le hablaba y el respondía,
como si fueran compadres.
Yo aún camino en dos patas como en libros de historia,
y amo a una mujer que me ama más,
me muestra sus regalos
de manualidades
que valen más que los de tarjeta de crédito.
Mi perro baila un poco más
lento que hace unos años,
su vitalidad ya la describió otrora Gordon Byron,
mi amigo, mi buen amigo
con las patas cruzadas,
cuando yo muera asumirás de Virgilio
y yo del que se para desmayando.
Pasáramos por Panamá,
y dormiré con una negra preciosa
y le diré que la amo
y si ella desea usarme que así sea.
 

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