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El pichón de aura

rey cruz

Poeta recién llegado
Regresaba de la choza
de mi amigo Juan José
y en el trillo me encontré
un pichón de aura tiñosa.
Cuando se lo di a mi esposa
calentó, a prisa, el fogón,
le atajé la pretensión
y le dije – Ni lo intentes,
no le dejaré a tus dientes
que me muerdan el pichón.

Ella se enfadó enseguida
con miradas de reproche:
- Deje que llegue la noche
para darle una mordida.
Yo le supliqué – Mi vida,
termina con la obsesión
porque aun no es la ocasión,
todavía es muy pequeño.
Tarde se rindió del sueño
con la mano en mi pichón.

Fue soñando que crecía
mientras más lo acariciaba
y con gusto contemplaba
como la cabeza erguía.
Mas, temprano, al otro día
llegó la desilusión;
Desplumado y cabezón
aquel bicho era un demonio
y por poco el matrimonio
yo pierdo por un pichón.

Mi mujer no halló consuelo
por causa de aquella cosa:
- Como vuela una tiñosa
y la tulla por el suelo –
Me reclamó con recelo
y mucha perturbación,
después, con provocación,
me sentenció cara a cara:
- Si ese pichón no se para
yo me busco otro pichón.
Se enteraron del problema
Fefa, Juana, Claribel,
la señora de Manuel
y la comadre Zulema.
Opinaban sobre el tema
buscando una solución,
pero mi amiga Asunción
vino a resolver el rollo
ofreciéndome su pollo
a cambio de mi pichón.

Yo no quise, por modestia,
aceptar un cambio así,
y cortés me despedí
para no causar molestia.
Ella me tildó de bestia
por aquella negación,
luego me pidió perdón
y me dijo: - No se valla,
yo te doy esta papaya
si me enseñas el pichón.

Para no entrar en disputa
yo le traje el pichoncito
y con bastante apetito
le probé la hermosa fruta.
- Disfruta, chino, disfruta –
escuché con emoción.
Sentí la satisfacción
de comer lo suficiente,
mientras ella, suavemente,
me acariciaba el pichón.

Claribel estaba loca
por cogerme el esperpento,
Juana lo besó al momento
saboreándose la boca.
Entre tanto toca toca,
Fefa le dio un apretón,
y no tuve más opción
que entregarles la tiñosa
mientras en casa, mi esposa
manoseaba otro pichón.
 

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