Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
El poema de hoy.
El poema de hoy será un exorcismo para el ocio del corazón.
Las palabras languidecen serenamente en mi cerebro
y como barcos fondeandos en el puerto,
se derraman como cascadas en la punta de mi lengua.
Esas imágenes tuyas que llevo grabadas en el alma,
que como peces fosforecentes iluminan mi oscuridad.
Las llevo pegadas como el soldado en su pecho
lleva las medallas de su braveza y su honor.
El poema de hoy es uno de esos, resbaladizo e incontenible.
Capaz de materializarce en un instante, como un beso.
Ardiente deseo de tu totalidad, mujer, de la miel impaciente
que exuda tu figura y de las profundas aguas de tu intelecto.
Es la admiración de ti lo que unifica mi sentir,
el jadeante lenguaje de tus ojos y su oscuridad de universo.
El poema de hoy eres tú. Eres tú acarreada por esas aguas
de río dulce que acarician mis riberas insufribles.
Ojalá, amor mío, poder yo elevarme al destello cristalino de tus aguas.
El poema de hoy será un exorcismo para el ocio del corazón.
Las palabras languidecen serenamente en mi cerebro
y como barcos fondeandos en el puerto,
se derraman como cascadas en la punta de mi lengua.
Esas imágenes tuyas que llevo grabadas en el alma,
que como peces fosforecentes iluminan mi oscuridad.
Las llevo pegadas como el soldado en su pecho
lleva las medallas de su braveza y su honor.
El poema de hoy es uno de esos, resbaladizo e incontenible.
Capaz de materializarce en un instante, como un beso.
Ardiente deseo de tu totalidad, mujer, de la miel impaciente
que exuda tu figura y de las profundas aguas de tu intelecto.
Es la admiración de ti lo que unifica mi sentir,
el jadeante lenguaje de tus ojos y su oscuridad de universo.
El poema de hoy eres tú. Eres tú acarreada por esas aguas
de río dulce que acarician mis riberas insufribles.
Ojalá, amor mío, poder yo elevarme al destello cristalino de tus aguas.
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