Si me permiten ustedes, les voy a relatar,
una historia curiosa, que sucedio tiempo atrás,
eran años de misierias, de neveras desoladas,
veíamos la carne, una vez por semana
y como la necesidad, es cruel y desalmada
se le ocurrió a mi padre, meter en nuestro pequeño patio
unas gallinas recriadas y comiamos de cuando en cuando
los huevos, que aquellas nos regalaban
para dar ambiente, al improvisado gallinero,
trajo un gallo rojo, orgulloso y pendenciero
al cabo de pocas semanas, se amplio la alquería
y diez hermosos polluelos
vinieron a engrosar nuestra escueta granja de cría.
Alegres nos las veíamos, pensando en el apetecido manjar
y con mimo y cuidado, les haciemos engordar.
Al fin llegó el esperado día, eligiendo un hermoso ejemplar,
se dispuso, el pobre hombre, a la tarea de hacerlo matar
aqui, llegó el dilema, pues, como jamas fué granjero
no sabía la forma de matar, al plumifero gordezuelo,
se rascaba la cabeza, daba vueltas al corral,
hasta que en un momento dado, la solución llegó al tran tran
agarrando una afilada hacha y de un certero tajo
decapitó al animal, pero........¡oh sorpresa!
aquel cuerpo sin cabeza, corria sin parar
la cara de mi padre, era digna de un poema,
miraba paralizado, el resultado de su faena
cuando al fin, el ave cayó inerte,
se acercó a una distancia prudente
y tocando, amilanado, el cuerpo ensangrentado,
se santiguó desterrando espíritus malvados
tal fué la impresión recibida
que no pudo provar, la exquisita comida
pasado el tiempo, contaba con agudeza
la anecdota del pollo, que corría sin cabeza
una historia curiosa, que sucedio tiempo atrás,
eran años de misierias, de neveras desoladas,
veíamos la carne, una vez por semana
y como la necesidad, es cruel y desalmada
se le ocurrió a mi padre, meter en nuestro pequeño patio
unas gallinas recriadas y comiamos de cuando en cuando
los huevos, que aquellas nos regalaban
para dar ambiente, al improvisado gallinero,
trajo un gallo rojo, orgulloso y pendenciero
al cabo de pocas semanas, se amplio la alquería
y diez hermosos polluelos
vinieron a engrosar nuestra escueta granja de cría.
Alegres nos las veíamos, pensando en el apetecido manjar
y con mimo y cuidado, les haciemos engordar.
Al fin llegó el esperado día, eligiendo un hermoso ejemplar,
se dispuso, el pobre hombre, a la tarea de hacerlo matar
aqui, llegó el dilema, pues, como jamas fué granjero
no sabía la forma de matar, al plumifero gordezuelo,
se rascaba la cabeza, daba vueltas al corral,
hasta que en un momento dado, la solución llegó al tran tran
agarrando una afilada hacha y de un certero tajo
decapitó al animal, pero........¡oh sorpresa!
aquel cuerpo sin cabeza, corria sin parar
la cara de mi padre, era digna de un poema,
miraba paralizado, el resultado de su faena
cuando al fin, el ave cayó inerte,
se acercó a una distancia prudente
y tocando, amilanado, el cuerpo ensangrentado,
se santiguó desterrando espíritus malvados
tal fué la impresión recibida
que no pudo provar, la exquisita comida
pasado el tiempo, contaba con agudeza
la anecdota del pollo, que corría sin cabeza