Cuando se habla con un marxista o una feminista, se tiene la sensación de que algo anda mal, en sus dichos parece existir lógica, es más, si nos movemos sólo en el campo de la lógica, muchas veces no es fácil alcanzar aquello que sentimos que está mal, es más, muchas mujeres destacan no ser feministas, porque sienten que algo está mal, pero no saben qué.
Si una mujer adopta la filosofía feminista siente que todos los hombres son malos y explotadores, por lo que no puede pensar en alcanzar la felicidad a través de la relación con un hombre. La filosofía feminista se fundamenta en un conflicto básico, una especie de pecado original: las relaciones entre hombre y mujer están marcadas por un intento de sometimiento del hombre a la mujer, intento que se respalda en la constitución física del hombre, pues al tener mayor tamaño y fuerza, puede someter a la mujer.
Históricamente ha sido así, pero hoy las cosas van cambiando, especialmente con la liberación económica de la mujer. Puede quedar algo de ese conflicto, pero no es determinante en relaciones sanas donde la relación se formo por una elección libre de cada integrante de la pareja.
Si se definen las relaciones entre hombre y mujer dentro de un paradigma de lucha de sexos, jamás podría concebirse una relación colaboradora entre hombre y mujer. Esto es lo que las mujeres antifeministas ven, que no todo es lucha de sexos, que plantear en términos de lucha de sexos toda relación entre hombre y mujer, degrada la relación, que es una especie de infantilismo donde se ven las cosas en blanco y negro.
El marxismo a través de su rama científica el materialismo histórico, y de su filosofía el materialismo dialéctico, realiza algo parecido, enmarca todos los fenómenos sociales dentro de la lucha de clases, donde los dueños de los medios de producción son explotadores y los trabajadores son explotados. Como marco general, es cierto que existe explotación, es cierto que para lograr un cambio deberá cambiarse esta estructura, sin embargo, el problema comienza a aparecer cuando se lleva ese marco paradigma-, como herramienta de comprensión de todos los fenómenos sociales. Es posible, por ejemplo, tratar de entender el arte desde el paradigma marxista de la lucha de clases, es posible tratar de comprender cómo coloco la pasta de dientes en el cepillo de dientes, desde el paradigma marxista, ¿pero es útil? Es útil para la revolución, pero no para comprender el fenómeno dentro de un marco menor o mayor, como puede ser el arte como forma de expresión de los hombres.
Todo problema que aqueje al hombre, se manifestará en todo lo que haga, pero es necesario disponer de la capacidad de aislar las causas de los fenómenos, eso se logra a través de distintos marcos para distintos propósitos. Si sólo se tiene como herramienta un martillo, todos los objetos adoptan la forma de clavo. Según el propósito que se tenga, será la herramienta que se deba emplear en el análisis de un fenómeno. En la Unión Soviética, en Cuba, en China, no existe el hilado fino de estas consideraciones, entonces, como el propósito es la revolución, se comete el error considerar el arte dentro de la lucha de clases, otorgándole una función para la revolución. Entonces, un artista ya dejó de ser libre para expresar lo que se le antoja, debe hacer arte para el partido, es más, creen estos moralistas que así debe ser. De esta manera, la mayoría de los artistas viven encorsetados en cuanto a lo que pueden hacer, en la mayoría de los casos, deben alabar la revolución y condenar la explotación. Deben trabajar en el sentido de crear conciencia de clase. Algo parecido a lo que hizo la religión durante la Inquisición. Todo debía estar al servicio de la religión y ser educativo en esa dirección.
Igual, los artistas en la época soviética, encontraban los caminos para expresar lo que necesitaban expresar, como en la época de la Inquisición, los artistas encontraban la forma de expresar lo que querían y necesitaban. Sí, necesitaban. Porque el arte es algo necesario, que responde a necesidades internas, y si se debe realizar contra distintas Inquisiciones, quiere decir que esas Inquisiciones se oponen a lo que el arte como estructura representa. Así, si queremos entender el arte, debemos cambiar de lente, debemos encontrar el lente que nos permita comprenderlo, y es evidente que se encuentra por fuera de los sistemas que quieran encorsetarlo. Claro, el arte es trasgresor, entre las funciones que cumple, se encuentra la de denunciar lo que está mal, lo que se reprime en una sociedad. Así como el síntoma neurótico revela lo que se está reprimiendo, muchas veces la obra de arte revela lo que se reprime socialmente, de ahí a que los sistemas dictatoriales deban incrementar la represión en las manifestaciones artísticas. El arte revela lo que está mal en el capitalismo y en el comunismo, pero es claro que en algunos de estos sistemas la represión es mayor, ¿saben en cuál?
Pero no sólo se expresa las contradicciones del sistema, también se expresan otras contradicciones, otros problemas. Para entender el arte, entonces, el lente no debe enfocarse en lo que ocasionalmente se expresa, sino en el proceso de expresión, en la estructura expresiva. Vaya, para entender el arte parece que basta con entender los mecanismos de expresión, pero no sólo estos. Porque en el arte existe expresión y estética. Sí, se busca la belleza. El placer artístico es de la dimensión del gozo estético. Poco a poco se afinan las herramientas y el marco que todo lo englobaba de la lucha de clases, va desapareciendo.
La feminista siempre tiene el mismo tema de conversación, ve lucha de sexos en todo, el marxista siempre tiene el mismo tema, y ve lucha de clases en todo. Esto es lo que está mal, esto es lo que señala que algo no encaja, por más lógica que haya en los decires, algo está mal, y lo que está mal es ese enojo infantil que se muestra en las feministas, que no pasa de ser un resentimiento contra el otro sexo, tal vez porque no es considerada como le gustaría ser considerada, el resentimiento del marxista es de la misma cualidad. En esas lógicas tan lógicas, sólo se percibe resentimiento, por eso a Lenin se lo llamaba el diablo rojo, hasta el color rojo es signo de sangre y violencia.
Si una mujer adopta la filosofía feminista siente que todos los hombres son malos y explotadores, por lo que no puede pensar en alcanzar la felicidad a través de la relación con un hombre. La filosofía feminista se fundamenta en un conflicto básico, una especie de pecado original: las relaciones entre hombre y mujer están marcadas por un intento de sometimiento del hombre a la mujer, intento que se respalda en la constitución física del hombre, pues al tener mayor tamaño y fuerza, puede someter a la mujer.
Históricamente ha sido así, pero hoy las cosas van cambiando, especialmente con la liberación económica de la mujer. Puede quedar algo de ese conflicto, pero no es determinante en relaciones sanas donde la relación se formo por una elección libre de cada integrante de la pareja.
Si se definen las relaciones entre hombre y mujer dentro de un paradigma de lucha de sexos, jamás podría concebirse una relación colaboradora entre hombre y mujer. Esto es lo que las mujeres antifeministas ven, que no todo es lucha de sexos, que plantear en términos de lucha de sexos toda relación entre hombre y mujer, degrada la relación, que es una especie de infantilismo donde se ven las cosas en blanco y negro.
El marxismo a través de su rama científica el materialismo histórico, y de su filosofía el materialismo dialéctico, realiza algo parecido, enmarca todos los fenómenos sociales dentro de la lucha de clases, donde los dueños de los medios de producción son explotadores y los trabajadores son explotados. Como marco general, es cierto que existe explotación, es cierto que para lograr un cambio deberá cambiarse esta estructura, sin embargo, el problema comienza a aparecer cuando se lleva ese marco paradigma-, como herramienta de comprensión de todos los fenómenos sociales. Es posible, por ejemplo, tratar de entender el arte desde el paradigma marxista de la lucha de clases, es posible tratar de comprender cómo coloco la pasta de dientes en el cepillo de dientes, desde el paradigma marxista, ¿pero es útil? Es útil para la revolución, pero no para comprender el fenómeno dentro de un marco menor o mayor, como puede ser el arte como forma de expresión de los hombres.
Todo problema que aqueje al hombre, se manifestará en todo lo que haga, pero es necesario disponer de la capacidad de aislar las causas de los fenómenos, eso se logra a través de distintos marcos para distintos propósitos. Si sólo se tiene como herramienta un martillo, todos los objetos adoptan la forma de clavo. Según el propósito que se tenga, será la herramienta que se deba emplear en el análisis de un fenómeno. En la Unión Soviética, en Cuba, en China, no existe el hilado fino de estas consideraciones, entonces, como el propósito es la revolución, se comete el error considerar el arte dentro de la lucha de clases, otorgándole una función para la revolución. Entonces, un artista ya dejó de ser libre para expresar lo que se le antoja, debe hacer arte para el partido, es más, creen estos moralistas que así debe ser. De esta manera, la mayoría de los artistas viven encorsetados en cuanto a lo que pueden hacer, en la mayoría de los casos, deben alabar la revolución y condenar la explotación. Deben trabajar en el sentido de crear conciencia de clase. Algo parecido a lo que hizo la religión durante la Inquisición. Todo debía estar al servicio de la religión y ser educativo en esa dirección.
Igual, los artistas en la época soviética, encontraban los caminos para expresar lo que necesitaban expresar, como en la época de la Inquisición, los artistas encontraban la forma de expresar lo que querían y necesitaban. Sí, necesitaban. Porque el arte es algo necesario, que responde a necesidades internas, y si se debe realizar contra distintas Inquisiciones, quiere decir que esas Inquisiciones se oponen a lo que el arte como estructura representa. Así, si queremos entender el arte, debemos cambiar de lente, debemos encontrar el lente que nos permita comprenderlo, y es evidente que se encuentra por fuera de los sistemas que quieran encorsetarlo. Claro, el arte es trasgresor, entre las funciones que cumple, se encuentra la de denunciar lo que está mal, lo que se reprime en una sociedad. Así como el síntoma neurótico revela lo que se está reprimiendo, muchas veces la obra de arte revela lo que se reprime socialmente, de ahí a que los sistemas dictatoriales deban incrementar la represión en las manifestaciones artísticas. El arte revela lo que está mal en el capitalismo y en el comunismo, pero es claro que en algunos de estos sistemas la represión es mayor, ¿saben en cuál?
Pero no sólo se expresa las contradicciones del sistema, también se expresan otras contradicciones, otros problemas. Para entender el arte, entonces, el lente no debe enfocarse en lo que ocasionalmente se expresa, sino en el proceso de expresión, en la estructura expresiva. Vaya, para entender el arte parece que basta con entender los mecanismos de expresión, pero no sólo estos. Porque en el arte existe expresión y estética. Sí, se busca la belleza. El placer artístico es de la dimensión del gozo estético. Poco a poco se afinan las herramientas y el marco que todo lo englobaba de la lucha de clases, va desapareciendo.
La feminista siempre tiene el mismo tema de conversación, ve lucha de sexos en todo, el marxista siempre tiene el mismo tema, y ve lucha de clases en todo. Esto es lo que está mal, esto es lo que señala que algo no encaja, por más lógica que haya en los decires, algo está mal, y lo que está mal es ese enojo infantil que se muestra en las feministas, que no pasa de ser un resentimiento contra el otro sexo, tal vez porque no es considerada como le gustaría ser considerada, el resentimiento del marxista es de la misma cualidad. En esas lógicas tan lógicas, sólo se percibe resentimiento, por eso a Lenin se lo llamaba el diablo rojo, hasta el color rojo es signo de sangre y violencia.