Norainu
Poeta fiel al portal
El puente.
Debía ser así y no de otra manera,
tendido al vacío como todos los puentes hacen,
en esa curva perezosa dónde se balancean cuerda y madera.
Era tal la niebla engreída que con su cortina blanca cerraba dos mundos,
el de tus secretos y el del vacío de mi mente, eco de las horas a tu lado.
Ahora perdidas.
No se si el puente siempre estuvo allí
o algún día quise construirlo
o lo pusiste tú para algo que no entiendo.
Pero está.
Y da miedo.
A ciegas llega, ese sonido a tabla vieja que te eriza el vello,
de cuerda retorcida que estrangula incansable, arpa del destino.
No quiero verte y aun así sigo esperando.
Espectros malditos, en diferentes extremos.
El anhelo es incansable y cuando sueñas con mis palabras caen lágrimas de almohada.
Lo se.
Tan libres que nos dejamos escapar,
dejando este puente, promesa del rejol muerto.
Estás al otro lado.
Y lo se.
Debía ser así y no de otra manera,
tendido al vacío como todos los puentes hacen,
en esa curva perezosa dónde se balancean cuerda y madera.
Era tal la niebla engreída que con su cortina blanca cerraba dos mundos,
el de tus secretos y el del vacío de mi mente, eco de las horas a tu lado.
Ahora perdidas.
No se si el puente siempre estuvo allí
o algún día quise construirlo
o lo pusiste tú para algo que no entiendo.
Pero está.
Y da miedo.
A ciegas llega, ese sonido a tabla vieja que te eriza el vello,
de cuerda retorcida que estrangula incansable, arpa del destino.
No quiero verte y aun así sigo esperando.
Espectros malditos, en diferentes extremos.
El anhelo es incansable y cuando sueñas con mis palabras caen lágrimas de almohada.
Lo se.
Tan libres que nos dejamos escapar,
dejando este puente, promesa del rejol muerto.
Estás al otro lado.
Y lo se.
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