Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Las catapultas víricas son las hijas del cielo,
espectáculo abrupto y escabroso
de peñascos y oteros y colinas,
lugar donde los ángeles orinan gravedades.
La libertad del amo del Castillo
que flota en ese polvo destronado.
-todo ruina el pilar de la sustancia-
En el cuerpo sin vida rueda el río,
la batalla enfrentada contra el tiempo,
en la historia barrida por la pólvora,
el gran emperador decapitado,
bajo un sueño de lujos terrenales.
-Quiso ser Dios, el prisionero, tras fumarse su último cigarro-
-Quise ser tú, pero no puedo
esclavizar mi aliento a tu destino-
-Es el flujo divino en el que nado, quien me apresta y me apresa en la mazmorra donde el mar enloquece en mi memoria-.
espectáculo abrupto y escabroso
de peñascos y oteros y colinas,
lugar donde los ángeles orinan gravedades.
La libertad del amo del Castillo
que flota en ese polvo destronado.
-todo ruina el pilar de la sustancia-
En el cuerpo sin vida rueda el río,
la batalla enfrentada contra el tiempo,
en la historia barrida por la pólvora,
el gran emperador decapitado,
bajo un sueño de lujos terrenales.
-Quiso ser Dios, el prisionero, tras fumarse su último cigarro-
-Quise ser tú, pero no puedo
esclavizar mi aliento a tu destino-
-Es el flujo divino en el que nado, quien me apresta y me apresa en la mazmorra donde el mar enloquece en mi memoria-.
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