luis mantilla
Poeta recién llegado
EL REENCUENTRO (POEMA CENSURADO)
Advertí sus pasos
y aquella fragancia pulcra
que treinta años atrás
aderezaba su juventud,
era la víspera del aguacero
era la cercanía de nuestro encuentro,
fue en una plazuela cusqueña
con siglos de existencia
herencia eterna de los Incas
y por ahora mi forzada residencia.
Ella asomó como un soplido dócil del alba
señora seductora de cuarenta y dos
concedía risueña vanidad al andar,
apeló a mis brazos
como en el pasado,
era la ceremonia del reencuentro
era la subsistencia de nuestros recuerdos,
sollozó frágiles lágrimas perladas
me humedecí de aquello
la colmé de inspiración y poesía
ella absorbida…solo suspiraba,
quise esquivar el instante
me alojé en el pretexto de los amantes
pero la historia no se perjudica…es incesante;
se hizo de vino y los recuerdos más apasionados
que en nuestro amorío del pasado entonamos,
hallé eco en mis deseos
sus labios y el sentir tenue de su resuello
hicieron del acontecimiento
un poema divino
que por años extrañé,
afronté descarriado los bordes curvados
de su avivada desnudez,
tenté temeroso su íntimo ardor
fue sensible a lo mío
no concernía el pecado
solo sensaciones cómodas,
me ofreció sus gemidos
como evidencia de satisfacción
yo extraviado en la episodio
le confesé aún mi amor.
Disipamos con desolación y juntos
la vehemencia del deseo,
tomó resignada el traje de su infidelidad
mientras yo armoniosamente la acariciaba
y muy de cerca
musitaba…la amaba;
nos despedimos en una abundancia de promesas
pronunciaría siempre su nombre
y nunca más ausencias,
enrumbó apenada por su verdadera calzada
la de mujer, la de madre…
la de mujer casada.
LUIS MANTILLA (LUMAN)
Advertí sus pasos
y aquella fragancia pulcra
que treinta años atrás
aderezaba su juventud,
era la víspera del aguacero
era la cercanía de nuestro encuentro,
fue en una plazuela cusqueña
con siglos de existencia
herencia eterna de los Incas
y por ahora mi forzada residencia.
Ella asomó como un soplido dócil del alba
señora seductora de cuarenta y dos
concedía risueña vanidad al andar,
apeló a mis brazos
como en el pasado,
era la ceremonia del reencuentro
era la subsistencia de nuestros recuerdos,
sollozó frágiles lágrimas perladas
me humedecí de aquello
la colmé de inspiración y poesía
ella absorbida…solo suspiraba,
quise esquivar el instante
me alojé en el pretexto de los amantes
pero la historia no se perjudica…es incesante;
se hizo de vino y los recuerdos más apasionados
que en nuestro amorío del pasado entonamos,
hallé eco en mis deseos
sus labios y el sentir tenue de su resuello
hicieron del acontecimiento
un poema divino
que por años extrañé,
afronté descarriado los bordes curvados
de su avivada desnudez,
tenté temeroso su íntimo ardor
fue sensible a lo mío
no concernía el pecado
solo sensaciones cómodas,
me ofreció sus gemidos
como evidencia de satisfacción
yo extraviado en la episodio
le confesé aún mi amor.
Disipamos con desolación y juntos
la vehemencia del deseo,
tomó resignada el traje de su infidelidad
mientras yo armoniosamente la acariciaba
y muy de cerca
musitaba…la amaba;
nos despedimos en una abundancia de promesas
pronunciaría siempre su nombre
y nunca más ausencias,
enrumbó apenada por su verdadera calzada
la de mujer, la de madre…
la de mujer casada.
LUIS MANTILLA (LUMAN)
Última edición: