Bartleby - el alegre
Poeta recién llegado
El ritmo
La derrota, morder el polvo,
tirar la toalla,
el último vals de la noche
que, en sí, es rock en español mientras
levantan las sillas y la chica
que te gusta se fue hace como tres horas
acompañada;
cuando el trago
que tienes en la mesa, un ron barato con
una cola más barata aún,
absorbida por los hielos de agua con sabor
a carne, se ha secado;
cuando te das cuenta
que estás solo por qué crees que estás solo;
por qué la profundidad
del discurso no se basa en sus palabras
sino en el golpe,
como cuando estás encima,
y miras entre ese tajo de luz de cortina
lo que muchos llaman amor,
en esos segundos
de reflexión,
cuando el aire deja de
ser tenue, y los olores
y sensaciones se paralizan,
piensas, que hago aquí,
prefiero tomarme mi cafecito y oír The The,
pero sabes que ya está todo resuelto,
y adelante,
como las tuercas de un engranaje básico,
o un par de movimientos
de un compositor mediocre.
Luego,
buscas ácaros en el colchón
y la melancolía que solo te pueda dar tu cama,
y te das cuenta que solo hemos
nacido para estar juntos de momentos,
y si más viejo te vuelves
y más victorioso también de la vida,
te das cuenta que son tonterías,
que un pan con tamal y chicharrones
con tu hermano
es más valioso que irse de farra.
Por eso tienes tu novia,
y ya no eres adolescente para hacerte dramas,
si te deja te deja,
si quiere estar contigo está contigo,
y no hay que forzar nada,
pues solo se fuerzan las cosas
cuando se tratan cosas de Fiscalía,
Poder Judicial y de plata,
que casi siempre van de la mano.
La derrota, morder el polvo,
tirar la toalla,
el último vals de la noche
que, en sí, es rock en español mientras
levantan las sillas y la chica
que te gusta se fue hace como tres horas
acompañada;
cuando el trago
que tienes en la mesa, un ron barato con
una cola más barata aún,
absorbida por los hielos de agua con sabor
a carne, se ha secado;
cuando te das cuenta
que estás solo por qué crees que estás solo;
por qué la profundidad
del discurso no se basa en sus palabras
sino en el golpe,
como cuando estás encima,
y miras entre ese tajo de luz de cortina
lo que muchos llaman amor,
en esos segundos
de reflexión,
cuando el aire deja de
ser tenue, y los olores
y sensaciones se paralizan,
piensas, que hago aquí,
prefiero tomarme mi cafecito y oír The The,
pero sabes que ya está todo resuelto,
y adelante,
como las tuercas de un engranaje básico,
o un par de movimientos
de un compositor mediocre.
Luego,
buscas ácaros en el colchón
y la melancolía que solo te pueda dar tu cama,
y te das cuenta que solo hemos
nacido para estar juntos de momentos,
y si más viejo te vuelves
y más victorioso también de la vida,
te das cuenta que son tonterías,
que un pan con tamal y chicharrones
con tu hermano
es más valioso que irse de farra.
Por eso tienes tu novia,
y ya no eres adolescente para hacerte dramas,
si te deja te deja,
si quiere estar contigo está contigo,
y no hay que forzar nada,
pues solo se fuerzan las cosas
cuando se tratan cosas de Fiscalía,
Poder Judicial y de plata,
que casi siempre van de la mano.