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Poeta que no puede vivir sin el portal
El rojo mana de tu boca...
Sangre de dos, sangre de roca.
Mientras tus ojos flamean
y levantas el látigo nuevamente
arrancando trazos de piel.
Nuestras bocas jadean
en un arranque ingente
con fluidos amargos como miel.
Sin darnos un respiro
golpeas... daño, castigo...
No quieres cejar,
al menos no conmigo.
Sangre de dos, sangre de roca.
Mientras tus ojos flamean
y levantas el látigo nuevamente
arrancando trazos de piel.
Nuestras bocas jadean
en un arranque ingente
con fluidos amargos como miel.
Sin darnos un respiro
golpeas... daño, castigo...
No quieres cejar,
al menos no conmigo.
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