P
poetaysoñador
Invitado
I. El caballero
Reventando los malos antros
a cada paso que daba por ellos,
lo comido llevaba por servido
y el vino como su fiel compañero.
Era altivo, valeroso,
amante de lo arcaico y gran caballero.
Era sabio de la noche y las mujeres,
su vicio favorito, decían, era soñar.
Malvivía en una noble villa
que bordeaba la bella raya
que separa la tradicional España,
de la preciosa Portugal.
II. La dama
Blanca como la tiza
que el profesor utiliza
para blanquear la pizarra;
sí, tenía la piel blanca,
blanca de ojos marrones
y pelo tocando sus hombros.
Tenía chispeantes los ojos
y una sonrisa –vaya sonrisa-
que la situaban a mil años
de toda aquella que a ella
mínimamente quisiera
compararse.
III. El pueblo
Noble villa que no discierne
sobre en qué flanco acampa;
para unos, lusos son sus caracteres,
para otros, su índole es castellana.
Territorio de encinas y alcornoques
que de dólmenes ayer abarrotaron;
fascinó en tiempos diferentes
y en el presente porfía enamorando.
Asentamiento de artesanos de la vida,
trovadores, virtuosos y melómanos;
que perpetuaron sus epopeyas clandestinas
en fotografías narradas cual biógrafos.
IV. El destino
Algunos vemos las cosas distintas
y ansiamos un beso frío y contagioso
que en la noche más abortiva
evite los contratiempos quebrajosos.
Dama y caballero juntaron sus manos,
crecidos a pesar del temporal;
y en tiempos muy poco lorquianos
le plantaron cara al vendaval.
En la noble villa conexos permanecieron
en la frontera de cotilleos y murmuraciones,
sobre una cama de matrimonio yacieron
siendo tan viejos y a la vez tan jóvenes.
V. La moraleja
Vive, vive y deja que los demás vivan
la vida que les ha tocado de vivir,
y no hagas caso a aquellos que nos privan
de los sentimientos que pretenden suprimir.
Reventando los malos antros
a cada paso que daba por ellos,
lo comido llevaba por servido
y el vino como su fiel compañero.
Era altivo, valeroso,
amante de lo arcaico y gran caballero.
Era sabio de la noche y las mujeres,
su vicio favorito, decían, era soñar.
Malvivía en una noble villa
que bordeaba la bella raya
que separa la tradicional España,
de la preciosa Portugal.
II. La dama
Blanca como la tiza
que el profesor utiliza
para blanquear la pizarra;
sí, tenía la piel blanca,
blanca de ojos marrones
y pelo tocando sus hombros.
Tenía chispeantes los ojos
y una sonrisa –vaya sonrisa-
que la situaban a mil años
de toda aquella que a ella
mínimamente quisiera
compararse.
III. El pueblo
Noble villa que no discierne
sobre en qué flanco acampa;
para unos, lusos son sus caracteres,
para otros, su índole es castellana.
Territorio de encinas y alcornoques
que de dólmenes ayer abarrotaron;
fascinó en tiempos diferentes
y en el presente porfía enamorando.
Asentamiento de artesanos de la vida,
trovadores, virtuosos y melómanos;
que perpetuaron sus epopeyas clandestinas
en fotografías narradas cual biógrafos.
IV. El destino
Algunos vemos las cosas distintas
y ansiamos un beso frío y contagioso
que en la noche más abortiva
evite los contratiempos quebrajosos.
Dama y caballero juntaron sus manos,
crecidos a pesar del temporal;
y en tiempos muy poco lorquianos
le plantaron cara al vendaval.
En la noble villa conexos permanecieron
en la frontera de cotilleos y murmuraciones,
sobre una cama de matrimonio yacieron
siendo tan viejos y a la vez tan jóvenes.
V. La moraleja
Vive, vive y deja que los demás vivan
la vida que les ha tocado de vivir,
y no hagas caso a aquellos que nos privan
de los sentimientos que pretenden suprimir.