Mi corazón no sangraba
ni por nostalgias ni por tristezas,
pues el dolor y el llanto,
yacían muertos por la indiferencia.
¡Ay, la indiferencia!
Sin alma ni Eros,
fui acero forjado por la nada,
sin amor ni amargura,
inerte fui como una estatua.
Fueron, amor mío, tus arrullos,
acordes audibles para un sordo,
tu mirada la luz de un ciego,
y yo del acero al oro.
Fue la caricia de tu alma,
la que torno en piel al metal,
fue la dulzura de tus palabras,
de mi alma, su palpitar.
Fui el vacío,
donde solo habita un sueño:
de la nada al todo.
Fue un instante, hoy es eterno.
Eres, mi Emperatriz;
la envidia de Venus y Afrodita,
el secreto de la alquimia,
de mi amor su adalid
ni por nostalgias ni por tristezas,
pues el dolor y el llanto,
yacían muertos por la indiferencia.
¡Ay, la indiferencia!
Sin alma ni Eros,
fui acero forjado por la nada,
sin amor ni amargura,
inerte fui como una estatua.
Fueron, amor mío, tus arrullos,
acordes audibles para un sordo,
tu mirada la luz de un ciego,
y yo del acero al oro.
Fue la caricia de tu alma,
la que torno en piel al metal,
fue la dulzura de tus palabras,
de mi alma, su palpitar.
Fui el vacío,
donde solo habita un sueño:
de la nada al todo.
Fue un instante, hoy es eterno.
Eres, mi Emperatriz;
la envidia de Venus y Afrodita,
el secreto de la alquimia,
de mi amor su adalid