geraldine villarroel diaz
Poeta asiduo al portal
Voy a contar este cuento
Del tiempo de la colonia
Todo dice que fue cierto
En ese tiempo de antaño
Era inocente la gente
Gateaban por esos años
Los ingenuos y creyentes
Cuando rondaba el sereno
Se acababa todo el boche
Y se apagaban las velas
Ya dando la medianoche
Y al grito de avemaría
Que el sereno les cantaba
Dando así todas las horas
Hasta dar la madrugada
Apareció de improviso
Una enorme llamarada
Y en ella un hombre cobrizo
Saliendo desde la nada
Desplomado en su impresión
Cayó hacia atrás el buen hombre
Y fue tal su reacción
Que se le olvido hasta su nombre.
Y recogiendo un zapato
Que aún estaba caliente
Jurando que era del diablo
Fue mostrándolo a la gente
Que saliendo de sus casas
Viéndolo se persignaban
Lo llevaron a la plaza
Y al mirarlo se espantaban
Un potente olor a azufre
El zapato desprendía
Creyeron que era del diablo
Y que a buscarlo vendría
El sereno de este susto
Se volvió muy penitente
Y encerrado en un convento
Escuchó misas frecuentes.
Santiago ya no dormía
Ni de noche ni de día
Rezaban, se arrodillaban
Y por nada se espantaban
Con las puertas bien cerradas
Todos llenos de pavor
Ya no apagaban las velas
Caminando con temor
Lejos de allí, al otro lado
Silencioso y asustado
Chamuscado y colorado
Un mestizo achicharrado
Miraba de lado a lado
Sin entender que pasaba
Con la ropa desgarrada
Quemado hasta las orejas
Con la cabeza sin pelo
Y sin pestañas ni cejas
Pensando que sucedió
Cuando en chispazo prendió
La pólvora que el traía
Que aquella noche encontró
Sin pensar que explotaría
No pensó que asomaría
Justo el sereno gritón
Y la pólvora estallaría
Al acercar su velón
En una gran explosión
Y debido al estampido
Su zapato había perdido
Sin quedarle nada bueno
Pero llamó su atención
El miedoso del sereno
Que al decir ¡el alto ahí!
Y venir el estallon,
El sereno entre desmayos
Dio un grito y a todo pulmón
Espantando su atención
Y asustado y tembloroso
El sereno quejumbroso
Corrió sin rumbo ni son,
Dando gritos espantosos
Aterrando a la población.
.
Del tiempo de la colonia
Todo dice que fue cierto
En ese tiempo de antaño
Era inocente la gente
Gateaban por esos años
Los ingenuos y creyentes
Cuando rondaba el sereno
Se acababa todo el boche
Y se apagaban las velas
Ya dando la medianoche
Y al grito de avemaría
Que el sereno les cantaba
Dando así todas las horas
Hasta dar la madrugada
Apareció de improviso
Una enorme llamarada
Y en ella un hombre cobrizo
Saliendo desde la nada
Desplomado en su impresión
Cayó hacia atrás el buen hombre
Y fue tal su reacción
Que se le olvido hasta su nombre.
Y recogiendo un zapato
Que aún estaba caliente
Jurando que era del diablo
Fue mostrándolo a la gente
Que saliendo de sus casas
Viéndolo se persignaban
Lo llevaron a la plaza
Y al mirarlo se espantaban
Un potente olor a azufre
El zapato desprendía
Creyeron que era del diablo
Y que a buscarlo vendría
El sereno de este susto
Se volvió muy penitente
Y encerrado en un convento
Escuchó misas frecuentes.
Santiago ya no dormía
Ni de noche ni de día
Rezaban, se arrodillaban
Y por nada se espantaban
Con las puertas bien cerradas
Todos llenos de pavor
Ya no apagaban las velas
Caminando con temor
Lejos de allí, al otro lado
Silencioso y asustado
Chamuscado y colorado
Un mestizo achicharrado
Miraba de lado a lado
Sin entender que pasaba
Con la ropa desgarrada
Quemado hasta las orejas
Con la cabeza sin pelo
Y sin pestañas ni cejas
Pensando que sucedió
Cuando en chispazo prendió
La pólvora que el traía
Que aquella noche encontró
Sin pensar que explotaría
No pensó que asomaría
Justo el sereno gritón
Y la pólvora estallaría
Al acercar su velón
En una gran explosión
Y debido al estampido
Su zapato había perdido
Sin quedarle nada bueno
Pero llamó su atención
El miedoso del sereno
Que al decir ¡el alto ahí!
Y venir el estallon,
El sereno entre desmayos
Dio un grito y a todo pulmón
Espantando su atención
Y asustado y tembloroso
El sereno quejumbroso
Corrió sin rumbo ni son,
Dando gritos espantosos
Aterrando a la población.
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