iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
El silencio de la tumba selló tus labios.
Tus labios, que besé con fervor religioso,
con deseo diabólico,
con ternura de madre.
Plenos de la tristeza de un sepelio donde
se vela el alma de un hermano.
Los tonos de la vida nos pintaron
como una grotesca obra surrealista.
Miles de mambas negras te coronaron.
¡Y qué hacer sino seguir bailando!
A lo largo de tu boca, y la música
pronuncia nuestras noches como un tango.
El silencio te selló los ojos.
Así, en la noche, me seguirán mirando.
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