MARIO CUADROS
Intento de poeta
Aunque fue la primera vez que la vi,
su presencia,
untada de su fresca sonrisa
y adornada sola con sus ojos,
conformaban su mejor vestimenta.
El corazón ártico de mi pecho
fue barrido por el viento
provocado de sus pestañas,
mientras dejaba de ser estéril
por una llovizna de esperanzas.
En tiempos de inspiración,
digamos diez poemas, la volví a ver,
ya de forma más detenida
y en contemplación,
su mirada se volvió parte del camino
y su presencia se había vuelto
una vasta luz en mi destino.
Había en sus bordes,
una humildad de pueblo andino,
en su fondo,
una inocencia de niña
que no tenía prisa por crecer,
y en sus pasos,
un compás de equilibrio fino
y de libre mujer.
No crean que fue un milagro
de una unilateral prespectiva
donde no habría moraleja,
un día
cuando se formaban versos en la vida,
me perdí en sus ojos,
y sin quejas,
al primer beso,
ella me encontró.
su presencia,
untada de su fresca sonrisa
y adornada sola con sus ojos,
conformaban su mejor vestimenta.
El corazón ártico de mi pecho
fue barrido por el viento
provocado de sus pestañas,
mientras dejaba de ser estéril
por una llovizna de esperanzas.
En tiempos de inspiración,
digamos diez poemas, la volví a ver,
ya de forma más detenida
y en contemplación,
su mirada se volvió parte del camino
y su presencia se había vuelto
una vasta luz en mi destino.
Había en sus bordes,
una humildad de pueblo andino,
en su fondo,
una inocencia de niña
que no tenía prisa por crecer,
y en sus pasos,
un compás de equilibrio fino
y de libre mujer.
No crean que fue un milagro
de una unilateral prespectiva
donde no habría moraleja,
un día
cuando se formaban versos en la vida,
me perdí en sus ojos,
y sin quejas,
al primer beso,
ella me encontró.
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