Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El amor de Afrodita es infinito.
Con su esencia se hizo el Paraíso.
Gotas del elixir de elixires, se derraman en pos del universo.
Sus Gracias, mil de miles, se propagan por Dios en cada cuerpo.
Una vez la soñé, pude reconstruirla.
Unidos por la fe, supe de mi poesía.
Sentí cerca su aliento curativo, mis mejillas sanaron en sus labios.
Recorría mi vientre hasta mi pecho, siete mares adentro.
En un beso olvidé cómo sabía
el olvido.
No hubo amor en mi voz más amante del silencio.
Cada noche la espero, cada día la sueño.
Mi nombre es lo de menos si me llama Orfeo.
Sus abrazos me inundan hasta llegar al cielo.
En realidad la amo y la deseo porque nunca dejó de ser un Sueño.
Con su esencia se hizo el Paraíso.
Gotas del elixir de elixires, se derraman en pos del universo.
Sus Gracias, mil de miles, se propagan por Dios en cada cuerpo.
Una vez la soñé, pude reconstruirla.
Unidos por la fe, supe de mi poesía.
Sentí cerca su aliento curativo, mis mejillas sanaron en sus labios.
Recorría mi vientre hasta mi pecho, siete mares adentro.
En un beso olvidé cómo sabía
el olvido.
No hubo amor en mi voz más amante del silencio.
Cada noche la espero, cada día la sueño.
Mi nombre es lo de menos si me llama Orfeo.
Sus abrazos me inundan hasta llegar al cielo.
En realidad la amo y la deseo porque nunca dejó de ser un Sueño.