sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
El suicidio del cielo
fue cuando de su boca
se respiraba el humo
de su olor desagradable
que quedó sin labios
en el aire.
Sus vestidos quedaban
con rasgosas brechas,
que no quisieron llevar
a sus más costosas prendas.
Cuando en el lugar
se separaron los sueños
y se penetró en su fantasía
está fue mortal
porque lo llevó
a una
peligrosa aventura.
En el mismísimo cielo
se quedaron las nubes
sin sus vestidos blancos,
la luz quedo eclipsada
por cada pálida
palabra
que llegaba
sin saber
que era volar
en las lágrimas.
Se oían a los relámpagos
caer bajo la lluvia,
cuando entre su adiós
se enfrentó
la ira
contra su peor
enemigo.
Cayeron las brisas,
se extendió
su curvatura
para quedar sin oxigeno,
todo era una locura.
Los avistamientos
de las brisas
quedaron cepillados
y cortados como plumas.
En la infancia del cielo
existió el nacimiento
del alba,
pero esté cayo en su calor
y se murieron sus alas.
En el triste resplandor
cayeron
las luces
para intentar dar ánimos
al cielo que se estrelló
en cada madrugada,
porque sus horas
llegaban tarde
y sus besos
no tenían partes.
El recuerdo
no se hizo fruto
de su libertad
el cielo quedó estancado
entre sus colores puntiagudos
que caían
entre sus más tristes
recuerdos
de no haber volado
cuando pudo estar en el aire,
pues al final cayó
en la triste niebla
que lo dejó
colocado en el
carbonizado sol,
pues el cielo
se suicidó
para morir
en la ultima palabra
que hubiera podido
rescatar a su alma.
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